Olor a dinero
Por: Feliciano J. Espriella
Martes 14 de julio de 2026
Beltrones y Bours, dos tipos de cuidado… ¿Para quién?
Hay leyendas deportivas que engrandecen su historia cuando saben retirarse. Y hay otras que, incapaces de aceptar que el tiempo pasó, regresan a la cancha hasta convertir la nostalgia en una escena patética.
Imaginemos que Pelé siguiera vivo y, alarmado por la decadencia de la selección brasileña, anunciara que volverá a ponerse los botines para conducirla hacia otra Copa del Mundo. Nadie discutiría que fue uno de los mejores futbolistas de la historia. Pero tampoco habría entrenador sensato que lo alineara frente a jugadores nacidos varias décadas después de su mejor momento.
Algo parecido sucede en Sonora con la reciente sobreexposición mediática de Manlio Fabio Beltrones Rivera y Eduardo Bours Castelo.
Ambos parecen dispuestos a volver a la cancha para rescatar al PRI. O lo que queda de él. Se presentan como referentes capaces de reunir a los dispersos, recuperar competitividad y reconstruir una organización que hoy apenas conserva las siglas, algunas oficinas y una militancia heroicamente resistente.
El problema es que ninguno puede asumirse como espectador inocente de la decadencia priista.
Bours gobernó Sonora entre 2003 y 2009. Llegó con fuerza, construyó su propio grupo, concentró decisiones y terminó enfrentado con distintas corrientes de su partido. Cuando entregó el poder, el PRI perdió por primera vez la gubernatura frente al PAN.
¿No recuerda que la derrota de 2009 ocurrió al concluir su sexenio? ¿Que el partido que hoy pretende fortalecer salió dividido, desgastado y derrotado después de seis años de gobierno boursista?
Podrá argumentarse que Guillermo Padrés ganó por múltiples circunstancias, entre ellas el impacto político de la tragedia de la Guardería ABC. Es cierto. Pero los gobernadores suelen adjudicarse las victorias de sus candidatos. También deben cargar con sus derrotas.
Beltrones tampoco llega con una medalla electoral reciente colgada al cuello.
En 2024 encabezó la fórmula opositora al Senado y fue apabullantemente derrotado por Lorenia Valles y Heriberto Aguilar. Morena obtuvo 508 mil 797 votos. La fórmula encabezada por Beltrones alcanzó 302 mil 755. Una diferencia superior a 206 mil sufragios.
Y la paliza pudo ser todavía mayor.
Morena y sus aliados dividieron su votación al presentar fórmulas separadas del PT y el Verde. Entre ambos partidos reunieron poco más de 158 mil votos adicionales. Es decir, Beltrones no solamente perdió frente a quien aparece hoy como probable candidata oficialista a la gubernatura: compitió contra una coalición fragmentada y ni así consiguió acercarse.
Llegó al Senado gracias al principio de primera minoría, no porque hubiera ganado la elección.
Eso no elimina su experiencia, oficio ni capacidad de negociación. Beltrones conoce las entrañas del sistema político mejor que buena parte de quienes hoy ocupan cargos relevantes. Pero una cosa es conocer el vestidor, otra dirigir al equipo y una muy distinta tener todavía las piernas para ganar el partido.
Por si fuera poco, los dos exgobernadores le caen como puntapié en la barriga al propietario de la minifranquicia priista: Alejandro Moreno Cárdenas, Alito para sus seguidores y Vandalito para sus críticos.
El dirigente nacional convirtió al PRI en un negocio político bajo control personal. Modificó estatutos, prolongó su mandato, colonizó las candidaturas y neutralizó cualquier disidencia. Dentro del partido no se mueve una hoja sin que él la autorice, la firme o encuentre la forma de colocarla en una lista plurinominal.
Beltrones lleva tiempo enfrentado con Alito y quedó fuera de la bancada priista en el Senado. Bours también suspendió su militancia durante varios años por diferencias con la conducción nacional. Que ambos pretendan reorganizar al priismo sonorense equivale a disputar una sucursal sin contar con la autorización del dueño de la franquicia.
Ahí está la verdadera pregunta: ¿a quién deben preocupar sus reapariciones?
Difícilmente a Morena, que observa cómo sus adversarios vuelven a convocar a los mismos personajes asociados con los años de privilegios, grupos cerrados y luchas intestinas. Tampoco parece que la sociedad sonorense esté esperando con ansiedad el retorno de quienes gobernaron hace décadas.
Los más inquietos deberían ser los pocos cuadros nuevos del PRI que todavía pretendan construir una alternativa. Porque, en lugar de abrirles la cancha, los veteranos regresan a disputarles el balón, los reflectores y hasta el vestidor.
Beltrones y Bours son, efectivamente, dos tipos de cuidado.
Pero probablemente el mayor peligro no sea para Morena ni para el gobierno.
Es para el propio PRI.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
