Columna olor a dinero
Por: Feliciano J. Espriella
Miércoles 4 de noviembre de 2026
¿Quién será el Cuauhtémoc Cárdenas de Morena?
Ante el debilitamiento de los partidos opositores y el creciente predominio de Morena, surge una pregunta inquietante: ¿quién encabezará una eventual rebelión interna? La historia de Cuauhtémoc Cárdenas invita a reflexionar sobre los peligros de la hegemonía y la necesidad de construir contrapesos democráticos.
De ahí nace el cuestionamiento: ¿Quién será, en un futuro no lejano, el Cuauhtémoc Cárdenas de Morena? La pregunta parafrasea a Amado Nervo, quien en su poema El gran viaje escribió:
¿Quién será, en un futuro muy lejano,
el Cristóbal Colón de algún planeta?
Nervo imaginaba horizontes que parecían imposibles. Yo me pregunto si entre las filas morenistas surgirá alguien capaz de sacudir desde dentro al partido gobernante, como lo hizo Cuauhtémoc Cárdenas con el PRI.
No podemos volver a un esquema en el que la vida política gire en torno a un partido hegemónico. Ya lo vivimos: termina por convertir la vida institucional en lo que alguien llamó “dictablanda”, donde los vicios del poder germinan, se desarrollan y se enquistan.
Todo poder necesita contrapesos que lo contengan, eviten sus excesos y lo mantengan dentro de límites sanos. Y lamentablemente, hoy resulta difícil imaginar que estos puedan surgir de la oposición tradicional. Está integrada por partidos decadentes, en franco declive, que han perdido buena parte de su identidad, sus principios y su capacidad de representar alternativas creíbles. Sus dirigencias parecen más preocupadas por preservar sus privilegios que por reconstruir una opción política capaz de disputar el poder.
Esto no significa que la única alternativa democrática tenga que surgir de Morena. La sociedad civil, los movimientos ciudadanos y nuevas organizaciones políticas también podrían construir contrapesos pero tardarían muchos años en consolidarse y contar con suficiente peso. Por ello, dadas las condiciones actuales, una ruptura dentro del partido gobernante podría convertirse en el detonante de una recomposición mucho más profunda.
Algo semejante ocurrió en el PRI entre 1986 y 1987, cuando Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez encabezaron la Corriente Democrática, que terminaría por desafiar al partido hegemónico y modificar para siempre el escenario político nacional.
¿Hay alguien a la vista?
Marcelo Ebrard. El secretario de Economía podría intentar nuevamente alcanzar la candidatura presidencial en 2030.
Enfrentaría, entre otros posibles aspirantes, a Omar García Harfuch, a quien considero bien posicionado por su cercanía con Claudia Sheinbaum. Ebrard tiene experiencia y seguidores, pero dudo que se atreva a romper. No lo hizo definitivamente en sus anteriores desencuentros. ¿Por qué ahora? Tal vez porque sería su última oportunidad.
Gerardo Fernández Noroña. También tiene aspiraciones presidenciales y numerosos seguidores, sobre todo entre los sectores más radicales de la izquierda. Podría provocar un cisma, aunque su discurso polarizante dificultaría construir una coalición suficientemente amplia para disputar el poder.
Movilizar a los convencidos no equivale a conquistar mayorías.
Tatiana Clouthier. Es quizá el caso más interesante. En Nuevo León impulsó “Todos con Conciencia”, movimiento surgido de inconformidades con decisiones internas de Morena, particularmente en torno a Clara Luz Flores rumbo a 2027. Clouthier lo presenta como un espacio de participación ciudadana, no como plataforma de ruptura, y mantiene su respaldo a Sheinbaum.
Sería exagerado equipararlo desde ahora con la Corriente Democrática. Aquella cuestionó las reglas de sucesión del régimen priista y terminó enfrentando el “dedazo” que llevó a Carlos Salinas de Gortari a la candidatura presidencial. La iniciativa de Clouthier tiene, por ahora, un alcance mucho más limitado.
Pero las fracturas políticas suelen comenzar con desacuerdos aparentemente menores. Habrá que observar si esta inconformidad se diluye, se negocia o termina creciendo.
Quizá ninguno de los tres protagonice una ruptura. Tal vez aparezca alguien más, o la oposición consiga reconstruirse. Lo importante no es dividir a Morena por dividirla, sino impedir que México vuelva a depender de la voluntad de una sola fuerza política.
Porque el peligro no está en que un partido gane muchas elecciones, sino en que llegue a creer que ganar le concede el derecho de gobernar sin límites.
La imaginación de Nervo anticipó viajes que parecían inalcanzables. La política mexicana también necesita explorar nuevos horizontes democráticos.
Y la pregunta permanece: ¿Quién será, en un futuro no lejano, el Cuauhtémoc Cárdenas de Morena?
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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