Kioscomayor Sonora
KM

Machincuepas

Página 3 de 4
58 publicaciones
Machincuepas

El sobre natural hora de la siesta / Rosario Segura

Desde siempre no me ha gustado dormir durante el día y eso que la siesta en mi pueblo era algo así como el llamado a misa, todos debían obedecer la hora, y en cuanto daban las doce medio día, el plato de sopa caliente debía estar sobre la mesa, al terminar de comer era menester “reposar” la comida…

Machincuepas

Los buenos / Rosario Segura

A ella siempre le habían dicho que los hombres son malos, pero no todos. Los papás, hermanos, tíos, primos y amigos de la familia, junto con el padrecito de la iglesia, entraban en el grupo de los buenos.

Machincuepas

Una Función para no Olvidar / Rosario Segura

Una de esas tardes en que la modorra que producía el calor y el cielo anunciaba lluvias, de pronto la algarabía despertó al pueblo, hizo que todos se asomaran a la calle para saber de dónde venía la música que de a poco llenaba los oídos y el aire caliente de agosto traía como brisa refrescante…

Machincuepas

El susto no anda en burro anda en … / Rosario Segura

El susto no anda en burro anda en … Algo que siempre me he preguntado es ¿cómo se fue formando el pueblo en el que nací?, porque de toda mi familia, la única originaria de ahí fui yo. Mis hermanas nacieron en otros pueblos, y las hermanas de mi madre, junto con ella misma, llegaron de otras partes.

Machincuepas

El café de las cuatro / Rosario Segura

Dicen que en Sonora el café no se toma… se venera. En mi casa, en el pueblo, como en muchas otras de por allá, el día comenzaba con el ruido del agua hirviendo y el olor que emanaba de tintineo de la talega colando el café.

Machincuepas

Por Siempre Pancha / Rosario Segura

Aunque al bautizarla le pusieron Francisca Elena, el primer nombre por el santo de Asís y lo de Elena vaya a saber usted por quién, para el pueblo entero fue siempre la Pancha. Ni Francisca, ni Paquita, ni “Fran” como se acostumbra ahora. Pancha. Así, con todas sus letras, como se dice lo inevitable.

Machincuepas

Lo que cayó del cielo (2da parte) / Rosario Segura

La semana pasada les contaba sobre aquella ocasión en que, tras sacar del pozo de la Georgina a un hombre ahogado —que no era del pueblo ni de las tierras vecinas, pero aun así recibió un velorio y un entierro digno por respeto a los muertos—, todo se vio interrumpido por la llegada de un comando…

Machincuepas

Lo que cayó del cielo / Rosario Segura (primera parte)

Uno de los tantos recuerdos de mi infancia que tengo bien grabados en la memoria—de esos que no se olvidan ni con los años ni con la calvicie ni con la artritis— es aquel día en que, rechinando llanta y levantando una polvareda como si fuera el mismísimo diablo el que llegaba, se plantaron tres…

Machincuepas

“Donde nacen las estrellas” / Rosario Segura

“Donde nacen las estrellas” D.E.P. Meredith, Medilyn y Karla En algún rincón del norte, en una ciudad donde el desierto abraza con su viento seco, el sol abrasa inclemente como castigo divino todo el año y los cerros, la mayor parte del tiempo pelones, susurran secretos antiguos, vivían tres niñas…

Machincuepas

La eterna espera / Rosario Segura

El día amaneció como de costumbre. Mi tía Magüi, también como de costumbre, se levantó en punto de las cuatro de la mañana a preparar el lonche para el Lalo, que trabajaba en la milpa del Nacho Noriega.

Machincuepas

Sin más nombre que papá / Rosario Segura

Cuando llegamos a vivir a esta ciudad, la casa que nos esperaba estaba justo a los pies del famoso Cerro de la Campana. Yo era apenas una niña, y todo me parecía nuevo, inmenso.