Olor a dinero
Por: Feliciano J. Espriella
Miércoles 22 de julio de 2026
Cien por ciento de la mitad de algo
Durazo presume la aritmética más creativa desde que un expresidente confundió la casa blanca con un asunto ajeno: dos etapas operando, dos por construir, y una red de transmisión que existe solo en el terreno de las buenas intenciones. El gigawatt prometido sigue esperando cables; mientras tanto, los pesos del subsidio cambian de cifra cada vez que alguien abre el micrófono.
Hay que reconocerlo: pocas cosas iluminan tanto como un comunicado de gobierno hablando de energía solar.
Con el funcionamiento “al cien por ciento” de dos de las cuatro etapas que tendrá la planta de Puerto Peñasco, el gobernador Alfonso Durazo nos informa, radiante, que ya “consolidó” un sistema que convierte el sol del desierto sonorense en alivio directo para el bolsillo de las familias. Falta, eso sí, un pequeño detalle técnico: la mitad de la planta que falta por construir no tiene todavía por dónde mandar la electricidad que promete generar.
Porque ahí está el chiste cósmico de este proyecto insignia: se puede tener mil megawatts de paneles brillando bajo el sol más generoso del país, pero si no existe la línea de transmisión para sacar esa energía y llevarla a donde se necesita, lo que se tiene, en términos prácticos, es una playa de vidrio muy cara tomando baños de sol. La interconexión con Baja California —la pieza que realmente le daría sentido a la fase de plena producción— se ha estimado en unos 2,100 millones de dólares adicionales, una cifra que ningún comunicado ha tenido el gusto de mencionar todavía.
La infraestructura completa de transmisión que permitiría aprovechar el gigawatt prometido y concretar la interconexión con Baja California no está terminada.
Tampoco se ha explicado con suficiente claridad qué tramos están contratados, cuánto costarán finalmente, de dónde saldrán los recursos ni cuándo entrarán en operación.
Es un patrón casi entrañable: cada boletín anuncia una nueva etapa como si fuera la culminación de una gesta histórica, cuando en realidad describe apenas el siguiente tramo de una carretera cuyo destino final —la red que soporte el gigawatt completo— sigue sin construirse ni presupuestarse con claridad. Es el equivalente energético de inaugurar el segundo piso de un edificio y declarar resuelto el problema de la vivienda, mientras el elevador sigue en planos.
Y no contento con obviar la infraestructura faltante, el comunicado también hace malabares con las cifras. Los 1,640 millones de dólares de inversión “total” conviven incómodamente con otras cifras oficiales —270, luego 347 millones de dólares solo para la fase 3— que han cambiado de una declaración a otra, como si el presupuesto respirara. Las fechas tampoco se quedan atrás: el mismo texto asegura que la fase 3 y la fase 4 llegarán “en 2027” ambas, un prodigio de simultaneidad que ni la física cuántica explicaría, y que probablemente sea solo un boletín redactado con la misma prisa triunfalista con la que se anuncian los logros.
Lo más notable, sin embargo, es la elegancia con la que se convierte un mecanismo financiero opaco en una promesa de “certidumbre”. Se nos dice que los ingresos de la planta “sostienen” el subsidio eléctrico de verano, pero no se explica cuánto genera realmente la planta, bajo qué esquema le compra CFE esa energía, ni qué porcentaje real de los 1,750 millones de pesos del subsidio proviene efectivamente de ahí y cuánto sigue saliendo, como siempre, de las arcas públicas por otras vías.
“Garantiza mayor certidumbre”, dice el comunicado, en la misma frase en la que se admite que la mitad del proyecto que sostendría esa certidumbre todavía está en obra negra.
Nada de esto quiere decir que la planta no sea relevante, ni que la transición energética en el noroeste del país carezca de mérito: conectar Baja California al Sistema Eléctrico Nacional es, en efecto, una obra con historia y peso técnico real. El problema no es el proyecto; es el género literario en el que se le empaqueta. Cada anuncio se redacta como si fuera el capítulo final, cuando en realidad es apenas un episodio de una serie que todavía no tiene ni fecha de estreno confiable para su desenlace, ni —lo más incómodo— la infraestructura eléctrica necesaria para que ese desenlace le llegue a alguien.
Mientras tanto, seguiremos leyendo comunicados que celebran el cien por ciento de la mitad de algo, con la misma seriedad con la que se anuncia un gigawatt que, de momento, tiene más futuro en el papel que cables para llegar a un enchufe.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
