Olor a dinero
Por: Feliciano J. Espriella
Jueves 9 de julio de 2026
Omar se apunta para la grande… ¿y genera nerviosismo?
En política, pocas cosas inquietan más que la irrupción inesperada de un nuevo competidor. No necesariamente porque llegue encabezando las encuestas, sino porque modifica los cálculos, altera las estrategias y obliga a quienes se sentían cómodos a volver a mirar por el retrovisor.
Eso parece haber ocurrido con el registro de Omar del Valle Colosio para participar en el proceso interno de Morena y el Partido Verde rumbo a la sucesión gubernamental de Sonora. Hasta hace apenas unas semanas, su nombre aparecía de manera marginal en las conversaciones políticas. Hoy, al levantar la mano formalmente, obliga a incluirlo en una ecuación que muchos daban prácticamente resuelta.
La aptitud de Del Valle Colosio no es un supuesto improvisado. Su paso por las secretarías de Hacienda e Infraestructura durante la gestión de Alfonso Durazo, sumado a su trayectoria en organismos internacionales como el Banco Mundial y en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) federal, le otorga un perfil de “gestor de resultados” que pocos en la contienda pueden igualar. No se trata solo de política, sino de una capacidad técnica probada para entender el presupuesto y la viabilidad de la infraestructura estatal.
En tiempos donde la política suele privilegiar el impacto mediático sobre la capacidad de gobernar, ese perfil representa un activo que no puede despreciarse.
Lo más audaz de su propuesta es el eje rector que ha decidido abrazar: la reivindicación de la justicia social bajo el eco de los ideales de su tío, Luis Donaldo Colosio Murrieta. Al conectar la necesidad de cerrar brechas de desigualdad en los sectores vulnerables y pueblos originarios con el humanismo mexicano que enarbola la Cuarta Transformación, Del Valle intenta tender un puente entre la tradición política sonorense y la nueva realidad electoral. Es una apuesta ambiciosa que busca validar su proyecto no como una ruptura, sino como una evolución necesaria.
Sin embargo, el camino hacia la candidatura es una ruta cuesta arriba. Del Valle entra a una contienda donde las inercias políticas ya favorecen a otros perfiles que, ya sea por posicionamiento previo en encuestas o por el respaldo consolidado de estructuras partidistas, le llevan una ventaja significativa en la carrera.
Omar entra a una competencia donde otros actores llevan una ventaja evidente. Lorenia Valles y Javier Lamarque tienen meses —e incluso años— recorriendo el estado, fortaleciendo estructuras políticas, consolidando alianzas y posicionándose dentro y fuera de Morena como posibles aspirantes a la candidatura.
Esa ventaja acumulada no desaparece con un registro.
Mientras sus contrincantes ya cuentan con un despliegue territorial y una visibilidad mediática consolidada, el reto de Del Valle será convertir su capital intelectual en un apoyo popular masivo en tiempo récord.
Pero precisamente ahí radica el interés político de esta nueva etapa.
Cuando un perfil con experiencia administrativa decide incorporarse a la contienda, inevitablemente modifica el tablero. Aunque nadie lo admita públicamente, cada nuevo jugador obliga a recalcular escenarios, redistribuir apoyos y revisar estrategias. Si el registro de Omar del Valle no tuviera importancia, probablemente habría pasado inadvertido. El hecho de que hoy forme parte de la conversación política indica exactamente lo contrario.
Su mayor desafío será convertir una sólida trayectoria administrativa en capital político. Gobernar y ganar elecciones son ejercicios distintos. La experiencia en el servicio público aporta credibilidad, pero no sustituye la cercanía con la militancia, la construcción territorial ni la conexión emocional con el electorado.
La pregunta de fondo es si el electorado sonorense —cada vez más pragmático— recibirá la propuesta de Del Valle como el relevo natural de un proyecto que busca continuidad, o si el peso de su linaje y su trayectoria técnica serán insuficientes frente a la maquinaria electoral ya en marcha. Omar del Valle Colosio ha puesto sobre la mesa una propuesta de “gobierno con memoria”, pero su éxito dependerá de su capacidad para demostrar que, más allá del nombre y los títulos académicos, puede conectar con el pulso real de una ciudadanía que exige soluciones inmediatas y no solo legados de justicia social.
En política, el primer efecto de un nuevo contendiente no siempre se refleja en las encuestas. A veces se percibe en los movimientos internos, en los cambios de estrategia y en la atención que comienza a despertar entre quienes ya se sentían instalados en la competencia.
Y si eso está ocurriendo, quizá el verdadero mensaje del registro de Omar del Valle no sea que ya esté entre los favoritos, sino que dejó de ser un espectador para convertirse en un actor que nadie puede darse el lujo de ignorar.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
