jueves, julio 2, 2026

La “Sub-27”: los herederos del poder / Feliciano J. Espriella

Fecha:

Olor a dinero

Por: Feliciano J. Espriella

Martes 30 de junio de 2026

La “Sub-27”: los herederos del poder

Como antes ocurrió con el echeverrismo y el boursismo, el durazismo también impulsa una generación política propia. La diferencia es que ahora el poder ya no se construye únicamente con operación política: también depende de percepción pública, redes sociales y resultados reales de gobierno.

Toda generación política cree que llegó para corregir los errores de la anterior. Y casi todas terminan pareciéndose más de lo que imaginaban. Así ocurrió con el echeverrismo, que absorbió jóvenes para contener la rebeldía social; así con el boursismo, que rejuveneció el priismo sonorense bajo criterios de eficiencia y pragmatismo. Y ahora ocurre con el durazismo.

En los círculos políticos de Sonora comenzó a popularizarse una nueva etiqueta generacional: la “Sub-27”, nombre inspirado en la numeralia asociada al proyecto sucesorio de 2027 y en la idea de un relevo juvenil impulsado desde el poder estatal. No existe lista oficial ni definición formal del grupo, pero en redes, columnas y conversaciones políticas ya se identifica a un núcleo de jóvenes funcionarios cercanos al gobernador Alfonso Durazo que construyen posicionamiento propio rumbo a los próximos años.

Entre los nombres más visibles aparecen Froylán Gámez, Fernando Rojo de la Vega, Roberto Gradillas, Francisco Vázquez Valencia y Paulina Ocaña. Todos comparten un rasgo común: cercanía política con el gobernador. Y eso, en política mexicana, sigue siendo una de las monedas más valiosas del sistema.

Froylán Gámez representa uno de los casos más consistentes. Su trayectoria del ISSSTESON a la Secretaría de Educación y Cultura consolidó presencia administrativa dentro del gabinete. El hecho de que utilice públicamente el “27” en su narrativa digital revela conciencia interna de pertenecer a un proyecto generacional específico.

Fernando Rojo de la Vega aparece constantemente en el radar sucesorio de Hermosillo. Su exposición desde la Secretaría de Bienestar le ha permitido posicionarse mediáticamente y construir relaciones políticas importantes. Sin embargo, persiste la duda sobre cuánto de ese posicionamiento obedece a estructura gubernamental y cuánto corresponde a capital político propio. Porque una cosa es administrar visibilidad institucional y otra muy distinta sobrevivir electoralmente sin ella.

El caso de Roberto Gradillas ilustra mejor que ningún otro las contradicciones internas de esta camada. A pesar de ocupar la estratégica Secretaría de Economía y Turismo, los resultados han sido limitados: en turismo, varios sectores consideran que el desempeño estuvo por debajo de las expectativas, mientras que en materia económica su presencia pública no ha generado narrativa propia. Y aun así su nombre aparece en escenarios de futuras candidaturas, lo que revela algo importante: en la política contemporánea, el posicionamiento interno dentro del grupo gobernante suele pesar más que los resultados administrativos.

El personaje más interesante de observar es Omar del Valle Colosio. A diferencia de otros integrantes de la “Sub-27”, Omar ha mostrado algo poco frecuente en cuadros jóvenes impulsados desde el poder: madurez institucional. Su desempeño legislativo ha sido menos estridente y más consistente, proyectando eficiencia sin caer en la sobreexposición mediática. Eso no garantiza futuro político, pero sí le otorga algo cada vez más escaso en México: credibilidad administrativa.

Distinto es el caso de Paulina Ocaña. Aunque figura dentro de esta generación emergente, su posicionamiento parece descansar más en respaldos externos y relaciones de grupo que en resultados propios. Ahí aparece el gran dilema de toda camada sucesoria construida desde el poder: distinguir quién posee estructura propia y quién simplemente administra poder prestado. Porque cuando cambia el gobernador, cambian las lealtades, los presupuestos y las protecciones. Y sobreviven únicamente quienes construyeron identidad propia.

Eso fue lo que ocurrió con generaciones anteriores. La efobocracia echeverrista se fragmentó con López Portillo. La “Sub-17” del boursismo perdió cohesión cuando el grupo dejó de controlar el poder estatal. La pregunta es si la “Sub-27” logrará romper ese patrón o terminará siendo simplemente otra generación fabricada desde el aparato gubernamental.

Porque al final, el poder en Sonora cambia de nombres, colores y estilos. Pero mantiene intacta una vieja tentación: la necesidad de fabricar herederos antes de tiempo.

Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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