Kioscomayor Sonora
KM
Archivo Kioscomayor•Más de 4,800 artículos

Archivo Kioscomayor

Consulta el acervo periodístico completo, coberturas históricas y plumas de opinión en Sonora y México.

Total registrado: 59 notasPágina 2 de 3
Limpiar
Machincuepas

Leche gourmet con toque secreto / Rosario Segura

Y ni doña Pomposa sabía que aquella mañana el ingrediente estrella no venía de la cocina… sino de la milpa. En el pueblo, de esos donde el chisme llega antes que el sol, vivían doña Pomposa y don Manuel, vecinos de toda la vida y más firmes que promesa de borracho… pero estos sí cumplían.

Machincuepas

La luz que no era eléctrica / Rosario Segura

Dicen que cada día tiene su modo, como gallina que ya sabe dónde poner el huevo. Los sábados son de escoba en mano y trapo al hombro, de sacudir lo que se dejó “al ratito” entre semana. Pero el domingo… ah, el domingo es otra cosa.

Machincuepas

La casa que parió a la Lola / Rosario Segura

La María siempre fue costurera y soltera, como si ambas cosas se las hubieran cosido al cuerpo desde joven. Vivía en la casa heredada de sus padres con su hermana menor, Lola, a quien el pueblo llamaba Lola la loca con esa crueldad mansa que tienen los nombres repetidos.

Machincuepas

Vidas a Medio Remiendo / Rosario Segura

En mi pueblo, donde las calles se vuelven ríos de polvo en marzo y zoquetales en agosto, llegó un día una mujer que caminaba como quien arrastra toda una vida sobre los hombros. Era Doña Nachita, aunque nadie la llamó así al principio.

Machincuepas

La misma historia versión 2.0 / Rosario Segura

Ella estaba de pie, recargada en la pared exterior de una de las salidas del centro comercial, justo donde el viento pega como si cobrara renta. Se veía cansada, pero firme, como quien ya se acostumbró a esperar en ese mismo pedazo de sombra que nunca alcanza a cubrir nada.

Machincuepas

La complicidad del silencio / Rosario Segura

Una historia de infancia marcada por lo que se dijo y por lo que nunca se atrevió a nombrarse. La conocí desde chica, éramos de la misma edad y el corral de su casa colindaba con el corral de las vacas y las gallinas de la casa de mi nana.

Machincuepas

Copechis y estrellas / Rosario Segura

Las noches con el cielo limpio y estrellado siempre fueron mis favoritas, especialmente aquellas de mi infancia, cuando —como ya les he contado— no me gustaba dormir o, mejor dicho, no sabía cómo entregarme al sueño sin pelearlo primero.

Machincuepas

El sobre natural hora de la siesta / Rosario Segura

Desde siempre no me ha gustado dormir durante el día y eso que la siesta en mi pueblo era algo así como el llamado a misa, todos debían obedecer la hora, y en cuanto daban las doce medio día, el plato de sopa caliente debía estar sobre la mesa, al terminar de comer era menester “reposar” la comida…

Machincuepas

Los buenos / Rosario Segura

A ella siempre le habían dicho que los hombres son malos, pero no todos. Los papás, hermanos, tíos, primos y amigos de la familia, junto con el padrecito de la iglesia, entraban en el grupo de los buenos.

Machincuepas

Una Función para no Olvidar / Rosario Segura

Una de esas tardes en que la modorra que producía el calor y el cielo anunciaba lluvias, de pronto la algarabía despertó al pueblo, hizo que todos se asomaran a la calle para saber de dónde venía la música que de a poco llenaba los oídos y el aire caliente de agosto traía como brisa refrescante…

Machincuepas

El susto no anda en burro anda en … / Rosario Segura

El susto no anda en burro anda en … Algo que siempre me he preguntado es ¿cómo se fue formando el pueblo en el que nací?, porque de toda mi familia, la única originaria de ahí fui yo. Mis hermanas nacieron en otros pueblos, y las hermanas de mi madre, junto con ella misma, llegaron de otras partes.

Machincuepas

El café de las cuatro / Rosario Segura

Dicen que en Sonora el café no se toma… se venera. En mi casa, en el pueblo, como en muchas otras de por allá, el día comenzaba con el ruido del agua hirviendo y el olor que emanaba de tintineo de la talega colando el café.

Machincuepas

Por Siempre Pancha / Rosario Segura

Aunque al bautizarla le pusieron Francisca Elena, el primer nombre por el santo de Asís y lo de Elena vaya a saber usted por quién, para el pueblo entero fue siempre la Pancha. Ni Francisca, ni Paquita, ni “Fran” como se acostumbra ahora. Pancha. Así, con todas sus letras, como se dice lo inevitable.