Vertiente
Bernardo Elenes Habas
Domingo 11 de octubre de 2026
Un Día: Poema de domingo
*Desde Cajeme, se alzaban, antes y durante los días de la guerra sucia, los poemas llenos de rebeldía que repudiaban la muerte del Che Guevara en 1967, los hechos del 2 de octubre en Tlatelolco, la falta de justicia para los campesinos que murieron crucificados por el tiempo en el surco, esperando tener en sus manos la resolución agraria; luchas a las que dedicaron sus vidas El Machi López, Ramón Danzós Palomino, Jacinto López.
Sólo que los textos circulaban de mano en mano, en periódicos marginales mimiografiados, como Presencia de Vícam, de Cesáreo Pándura; o Madera, con raíces en Chihuahua, entre las sombras de la clandestinidad.
Después, vendría el asesinato de Salvador Allende en Chile, 11 de septiembre de 1973, a quien, el puñado de poetas de mi generación, dedicamos una página literaria en Diario del Yaqui y concurridas lecturas de poemas en el auditorio de la Biblioteca Pública Municipal, que era nuestro reducto; hechos que alertaron al jefe de la Dirección Federal de Seguridad, Miguel Nazar Haro, quien, con sus agentes, visitaba seguido Cajeme, reuniéndose en la licorería que tenía Miguel Saca por la calle No Reelección, investigando las raíces de un posible brote guerrillero.
A esos tiempos de sobresaltos e inquietudes, cuando no sabíamos si estaríamos libres o vivos al día siguiente, pertenece este mi poema, que ahora es de usted:
UN DÍA
Un día, voy a quedarme muerto,
en la mitad de un surco,
crucificado en tierra
como semilla de hambre,
para sembrar mis sueños
y germinar en viento…
Un día, voy a llorar en ti,
repartido en silencios
o en papeles que guardan
tu herencia y sufrimientos…
Un día, dibujaré mi rostro
marchitado en las horas,
o en el fusil que aroma
las manos de mi tiempo…
Un día, voy a tatuar mi grito
en tu dolor, hermano,
para extender mi vista
y repartirte el sueño
que se enraíza en los años…
Un día, me matarán, hermano,
cuando marche en tu sangre
con los pies de la historia,
cuando me nazcan alas
y lleve como insignia
tan solo la palabra…
Un día, aprenderán tus niños
el color de la vida,
y crecerán con nombre
para clavar banderas,
y cantarán ansiosos
poemas de su tierra…
Un día, al florecer la espiga
y el polen de su angustia
se esparza en las conciencias,
fecundará la idea
como cardo salvaje
y te alzarás resuelto
defendiendo con sangre
el sol de tu parcela…
Un día, de nuestra sierra arisca
voy a bajar vestido
con cantos agraristas,
oloroso a reparto,
a justicia, a verdad,
para entregarte hermano,
las flores de un ejido
tremolando banderas
de tierra y libertad…
Y cuando ya me muera
y me resuma en viento,
levanta mi bandera
y marcha por el tiempo,
con tu mirada agreste
de yaqui del desierto
y clavas en la historia
tu voz que es mi dolor…
Un día, voy a quedarme muerto,
en la mitad de un surco,
crucificado en tierra
como semilla de hambre,
para sembrar mis sueños
y germinar en viento…
Un día…
