domingo, septiembre 27, 2026

Traspasos políticos poco estudiados: consecuencias también / Bulmaro Pacheco

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Traspasos políticos poco estudiados: consecuencias también

Bulmaro Pacheco

Domingo 27 de septiembre de 2026

En México ha funcionado el transfuguismo político porque a la gente poco le importa quién se cambie de partido o de ideas políticas llevando por delante la conveniencia personal.

Es una crisis de la actividad política que lleva años larvando en el sistema, con casos cada vez más frecuentes del paso de personas de un partido a otro sin pensar los costos políticos para los actores políticos, pero sí el daño causado a las organizaciones de las que provienen.

El llamado transfuguismo ya dio un presidente de la República en México: Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) y antes de él a varios candidatos presidenciales.

El transfuguismo también ya dio varios gobernadores estatales que iniciaron con la práctica de traspaso partidista a partir de la candidatura de Ricardo Monreal —ex priista— a la candidatura al gobierno de Zacatecas por el PRD.

Recientemente nos enteramos también que el primer gobernador que inauguró las alternancias estatales, Ernesto Ruffo Appel de Baja California (1989-1995), ya había dado color para salirse del PAN y engrosar las filas del nuevo partido político “Somos”.

El fenómeno ha sido muy poco estudiado cuando resulta que ha sido uno de los más influyentes en el México de la modernidad política, y han tenido que ver varios factores:

La cerrazón de los partidos políticos que por años fueron dominados por intereses cupulares que monopolizaban las decisiones principales en la postulación de candidaturas, creando con ello inconformidades y desbandadas de militantes que aprovechaban otras opciones políticas, como lo hicieron el PPS y el PARM en los tiempos de la ruptura en el PRI en 1988, cuando la llamada Corriente Democrática del PRI, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, fue capitalizada por el PPS y el PARM para la postulación de la candidatura presidencial y numerosas posiciones en el Congreso de la Unión.

En ese año los ex priistas Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, del Distrito Federal, así como Cristóbal Arias y Roberto Robles Garnica, de Michoacán, inauguraron en el Senado de la República, con cuatro escaños, la primera integración plural de esa Cámara en su historia.

De cuatro partidos políticos (PRI, PAN, PPS, PARM) que por años funcionaron en México, el sistema se amplió a más de 30 en varios años, lo que proporcionó un mayor número de opciones de participación para los disidentes de los grandes partidos.

La primera expresión fue el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que trató de unificar a las izquierdas acarreando en sus filas a los restos del Partido Comunista Mexicano, que al evolucionar a PMS y PSUM le cedió el registro legal. En el crecimiento y ampliación del PRD jugaron papeles importantes los ex priistas Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y Manuel Camacho Solís —finalista este con Luis Donaldo Colosio— en la candidatura presidencial de 1994.

Desde el sistema priista se alentó la formación de otros partidos, como el Verde Ecologista y el Partido del Trabajo, como un intento de quitarle clientelas al de la Revolución Democrática.

Con diferencias profundas en materia política con el Presidente Ernesto Zedillo, el ex priista Dante Delgado se dio a la tarea de formar otro partido político: Convergencia por la Democracia en 1999 y, posteriormente, Movimiento Ciudadano a partir de 2012.

Por su parte, y aprovechando la inconformidad y las rupturas internas, así como el rumbo seguido en su relación con los gobiernos de su segundo partido político, Andrés Manuel López Obrador se dio a la tarea de formar otro partido llamado “Movimiento” (igual que MC, olfateando el rechazo de una parte de la sociedad a la palabra “Partido”) de Regeneración Nacional.

Echaron mano de todo: candidaturas, cargos de representación y, posteriormente, ya en el poder ejecutivo federal a partir de 2018, de nombramientos en el ejecutivo, así como embajadas y consulados en el extranjero. Al mismo tiempo, empezaron con la cacería de adversarios políticos para involucrarlos en su teoría de que “el pasado y solo el pasado” es el culpable de sus pifias, errores y omisiones, a pesar de los años que llevan en el poder.

El problema real es la pérdida de identidad de un partido que no alcanza todavía a convencer a la mayoría de que viene por la Cuarta Transformación o que se apoya en la “revolución de las conciencias” para impulsar el cambio en México.

¿Qué ha resultado de toda esta mezcolanza política que se ha dado en México en los últimos años?

Que a nombre del transfuguismo y la libertad para cambiar de partido político, según sean las conveniencias personales o de grupo, se están generando nuevos fenómenos políticos y sociales que ya preocupan a las autoridades y a la sociedad en general por el alto impacto que generan en la vida política de México: los desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero, un problema sin solución generado por quienes no tuvieron empacho en abrazar las banderas de la izquierda para esconder otros problemas, resultando todo eso con un gobernador —en otras épocas priista, después perredista— en la cárcel y con un problema que cada día se complica más.

¿Qué decir de los nuevos acontecimientos como los alcaldes de Juchitán, Oaxaca, y Tequila, Jalisco, y otros involucrados con el crimen organizado, que han dado lugar a la colonización de amplias regiones de México por el hampa?

¿Y la crisis de las visas retiradas por el gobierno de los Estados Unidos a gobernadores y alcaldes de Morena?

¿Y el imparable fenómeno del huachicol fiscal, que nadie —de ningún nivel— parece tener la solución, por la calidad y el número de las autoridades involucradas en el problema?

Son problemas derivados de los cambios políticos, donde unos se han aprovechado de los vacíos generados en regiones y del descuido y la imprudencia de no revisar —bien a bien— a nombre de “no importa de dónde vengan”, con quién hacen política las nuevas expresiones llegadas recientemente al poder.

Sí, es cierto que cambiar de partido y de ideas es una libertad consagrada en el texto constitucional, ya va siendo hora de que  los partidos tengan más cuidado en el reclutamiento de sus cuadros y no cachen todo lo que les llega nada más para auto justificarse. Sería el antídoto ideal y necesario para que esas libertades no degeneren en crisis y en descrédito de los partidos ante la sociedad. ¿Un mal de todos? Quizá sí, pero que se refleja con mayor fuerza en el ejercicio del poder.

bulmarop@gmail.com

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