martes, agosto 11, 2026

El héroe de la Plaza Tutuli / Bernardo Elenes Habas

Fecha:

Vertiente

Bernardo Elenes Habas

Martes 11 de agosto de 2026

El héroe de la Plaza Tutuli

*Francisco Javier Armenta Cota, salvó a once personas del incendio del VH, hace 29 años. – En Cajeme falta un recinto (museo) con un memorial capaz de no permitir que la historia se diluya en el tiempo, y que hechos importantes sobre la fundación del Municipio, su cabecera Ciudad Obregón, sus personajes sobresalientes con nombres y anónimos, sean parte de la heredad para las actuales y las nuevas generaciones.

Este 11 de agosto, se cumplen 29 años del acto heroico protagonizado por un cajemense, al salvar a once personas durante el fatídico incendio del centro comercial VH, inmerso en la estructura de Plaza Tutuli de Ciudad Obregón, al poniente, por la calle Guerrero.

Francisco Javier Armenta Cota, es el nombre del joven abogado por la Universidad de Sonora, quien habiendo ya salido del establecimiento comercial, decidió penetrar nuevamente para buscar a su hermana Martha, a quien sacó y repitió sus acciones hasta lograr poner a salvo a once personas más.

A los diez días, como consecuencia de graves quemaduras y haber inhalado humo letal, falleció el Héroe Ciudadano de Cajeme.

Sin duda, fue un acto de amor demostrado por Francisco Javier, quien ya había protegido su integridad física y la de su hermana, pero decidió regresar al interior, enfrentar las llamas antes de que llegaran los bomberos, con el objetivo fijo de darles seguridad a las personas que sus fuerzas le permitieran, como lo hizo.

Los hechos del incendio de Plaza Tutuli, se suscitaron el 11 de agosto de 1997, a escasos días que concluyera la administración de Raúl Ayala Candelas (1994-1997).

Fue hasta el periodo de Manolo Barro Borgaro (2009-2012), cuando, durante reunión de Cabildo de 10 de septiembre de 2012, se tomó el acuerdo 511 del Acta 77, para que fuese incluida la fecha del acto de heroísmo de Francisco Javier Armenta en el Calendario Cívico del Ayuntamiento de Cajeme, y que la calle del Parque Lineal de la Laguna del Náinari llevara el nombre del héroe.

Sin duda, se trata de un hecho ejemplar que debería convertirse en parte consistente de la memoria histórica de Cajeme, porque reúne cualidades inéditas que merecen ser resaltadas en los contenidos cívicos de educación básica, para que se sepa por siempre que en Cajeme hubo un ciudadano, un héroe que surgió de las llamas, para salvar vidas sin importarle la propia, cuya acción eleva el referente del amor al prójimo, valor sumamente desgastado en estos tiempos.

Aunque esa gesta de solidaridad humana está ya incluida en el calendario cívico, las autoridades municipales actuales y futuras, están obligadas a revalorar fechas y hechos tan importantes para que no queden envueltas en la niebla del olvido y sí sean grabadas en la conciencia de las actuales y nuevas generaciones, no sólo con la imposición de una placa, sino como actos imborrables de amor al prójimo, de amor a la humanidad.

Comenté hace algunos días, que bien podría pensarse en un museo que rescate la historia prodigiosa de Cajeme, con fotografías, utensilios de labranza y domésticos, narrativa de hechos, donde las nuevas generaciones encontrarían fotos, nombres de mujeres y hombres que aportaron esfuerzo, talento, capacidades para darle rumbo y luz al Municipio.

Por supuesto que tiene profundidad este anhelo, ya que la Administración municipal que se decida a forjar y entregar este legado a la comunidad, estará rescatando las manos anónimas que trazaron calles, edificaron escuelas, iglesias, estadios, le dieron ritmo y música con sus instrumentos a las familias, hicieron literatura, periodismo, fotografía, pintura, labraron la tierra, se distinguieron como locutores, mecánicos, guardianes del orden, bomberos, entre muchos oficios y artesanías que dignifican la capacidad creativa y responsable de la gente del pueblo.

Actualmente no hay un referente que defienda y rescate ese trazo de memoria olvidada.

No existe un monumento colectivo que represente brazos y manos emergiendo desde la tierra misma de la ciudad y del Valle, que simbolice en el bronce, a aquéllos que construyeron esta comunidad asombrosa que ha crecido con alas propias.

Lo dije hace tiempo: Si en Cajeme no hubieran existido soñadores como Manuel J. Zavala, Jesús Corral Ruiz, Miguel Mexía Alvarado, Bartolomé Delgado de León, Claudio Dabdoub Sicre, José L. Guerra Aguiluz, Oscar Sánchez Márquez, Rogelio Arenas Castro, Ramón Iñiguez Franco, no estarían vivas, realzadas, las obras que fortalecen el alma de la ciudad, del Municipio.

Le saludo, lector.

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