Olor a dinero
Por: Feliciano J. Espriella
Lunes 10 de agosto de 2026
Colosito en pos de su enésima derrota
Reseña de cómo un partido busca conquistar un estado usando únicamente un holograma familiar y un apellido ilustre, ignorando una cadena de tropiezos que harían sonrojar a cualquier candidato común.
Sin arraigo en el estado, sin trayectoria que presumir y sin más carta que un apellido heredado, el senador Colosio Riojas busca en Sonora lo que ya perdió en Nuevo León. Su aventura no responde a méritos personales, sino a la necesidad de Movimiento Ciudadano de sobrevivir en un territorio sin liderazgos propios.
La historia de “éxitos” de este peso pesado de la política comenzó en Monterrey, en el lejano 2007. Con el número de participante 13,380, un joven Colosio Riojas audicionó para el certamen televisivo American Idol Latino cantando una pieza de Ricky Martin. El resultado fue un rotundo fracaso: Manuel Mijares le criticó la falta de presencia escénica por cantar con los ojos cerrados, y Mimí, del grupo Flans, le auguró con fina ironía un gran futuro… pero como abogado, no en los escenarios.
Tras colgar el micrófono por falta de talento, decidió probar suerte en la función pública. Gobernó Monterrey de 2021 a 2024, un trienio que sus propios gobernados calificaron de mediocre, marcado por el colapso del transporte público, calles tapizadas de baches, una crisis de agua histórica y una inseguridad que nunca supo contener. Su momento más sobresaliente como alcalde fue presidir una sesión de cabildo a control remoto —al parecer desde Nueva York— en evidente estado etílico.
Después vino 2024.
Colosio buscó el Senado por Nuevo León y perdió la elección de mayoría frente a la fórmula encabezada por Morena. Movimiento Ciudadano quedó en segundo lugar y eso le permitió obtener el escaño correspondiente a la primera minoría.
Y con ese expediente ahora aparece Sonora en el horizonte.
Con ese currículum, ahora pretende “conquistar” Sonora en 2027, aunque enfrenta un obstáculo geográfico elemental: nunca ha vivido en el estado, pues ha pasado prácticamente toda su vida profesional y personal en Nuevo León. De hecho, los analistas locales bromean con que si al senador lo bajaran solo, sin un teléfono con GPS, en la popular colonia La Metalera de Hermosillo, simplemente se perdería de forma irremediable. Incluso cabe preguntarse si sabría ubicar en el mapa el municipio de Naco, por el cual de pronto le dio un inusual ataque de preocupación ambientalista.
Y es que el único motor real de sus pretensiones es el apellido de su difunto padre. Para los sonorenses mayores de 40 años, el apellido Colosio evoca una nostalgia profunda que nubla cualquier juicio crítico sobre su evidente falta de preparación. Para los menores de 30, en cambio, ese apellido resulta irrelevante: no tienen idea de quién fue el malogrado candidato de 1994 y solo asocian la palabra “Colosio” con un bulevar, un fraccionamiento, un monumento o una escuela local.
¿Por qué entonces Dante Delgado y Jorge Álvarez Máynez empujan una aventura que muchos califican directamente de “chiste”? Muy sencillo: por pura conveniencia y supervivencia partidista. MC en Sonora es un páramo de liderazgos competitivos. Cuentan con Natalia Rivera Grijalva, demasiado peso para un partido tan pequeño, pero incapaz de ganar una gubernatura por sí sola. El resto de su baraja local —Manuel Scott, de quien los columnistas dicen que no ganaría ni en la calle donde vive, Enrique Clausen o Próspero Ibarra— no tienen la más mínima intención de sacrificarse en el matadero electoral de 2027.
Por eso, importar al “junior” de Nuevo León resulta el negocio perfecto para las siglas naranjas. Aunque pierda de forma estrepitosa y termine de sepultar su carrera política, su apellido funcionará como imán para elevar el porcentaje de votación estatal de MC. Eso les asegura el registro y les amarra jugosas diputaciones federales plurinominales para la cúpula del partido en la Ciudad de México. Un plan maestro de simulación donde el electorado es tratado como si aún viviera en la resignación de los años setenta.
Importar al “junior” podría resultar un negocio razonable para las siglas naranjas. Incluso perdiendo la gubernatura.
Visto así, Colosio Riojas no necesariamente tendría que ganar para cumplir su misión.
Bastaría con competir. Él pondría el apellido. Los sonorenses, los votos. Y la dirigencia naranja recogería las plurinominales.
Negocio redondo.
Excepto, quizá, para Colosito.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
