Olor a dinero
Por: Feliciano J. Espriella
Viernes 7 de agosto de 2026
En tiempo de guerra, cualquier trinchera es castillo y cualquier capilla es catedral
Froylán Gámez quiere convertir Bahía de Kino en la próxima Cancún, aunque le falten aeropuerto, inversión y algo de sentido común geográfico. Mientras tanto, Judith Armenta Cota tendrá que decidir si el proceso interno de Morena admite estas dosis de entusiasmo sin sustento, o si es momento de pedirles a los “encampañados” que aterricen sus promesas antes de subirlas al templete.
El aspirante a gobernador visitó Bahía de Kino y, ni tardo ni perezoso, descubrió lo que generaciones de sonorenses ya sabían desde hace un siglo: que el mar es azul, que hay ostión, y que “por su belleza merece ser compartido con el mundo”. Faltó únicamente que descubriera el hilo negro y patentara la rueda.
El pretenso —perdón, el “encampañado” — invitó a “unir esfuerzos para posicionar a Bahía de Kino entre las principales playas de México”. Una declaración tan ambiciosa como la de anunciar que uno va a competir en el Mundial sin haber pateado un balón en su vida. Pero así es la política en tiempos de guerra: cualquier trinchera es castillo, y cualquier capilla —aunque tenga baños públicos de dudosa plomería— es catedral.
Porque hay que decirlo con toda claridad: convertir a Kino en la nueva Cancún es una hazaña tan compleja que ni el Chapulín Colorado, con más fuerza que la de mil chapulines juntos, podría lograrla. Y no por falta de voluntad divina, sino por simple geografía, economía y sentido común. Van las razones, que son “unas cuantas”:
1. La conectividad, o la ausencia de ella. Bahía de Kino está a 100 kilómetros del aeropuerto de Hermosillo, el cual, comparado con las terminales de Cancún, Los Cabos, Puerto Vallarta o la Riviera Maya y Nayarita, es —sin ánimo de ofender, aunque sí con toda la intención— de cuarta categoría, con una conectividad nacional raquítica y una internacional prácticamente inexistente.
Se puede soñar con turistas alemanes tomando el sol en Kino, pero primero tendrían que sobrevivir a la odisea de llegar hasta ahí.
2. La sobreocupación del terreno. La bahía ya está saturada de propiedades particulares, lo cual haría casi imposible desarrollar hoteles ni siquiera de 4 estrellas, ya no digamos de 5 estrellas o “gran turismo”. Es difícil construir el sueño de Cancún cuando no hay dónde poner ni una alberca, mucho menos un resort con spa y campo de golf.
3. La inversión faraónica que nadie hará. Proyectar Kino internacionalmente exigiría inversiones cuantiosísimas —marinas, un aeropuerto para vuelos chárter, hospitales y clínicas de vanguardia, y la lista sigue— que ningún gobierno estatal, ocupado en asuntos de mediano y largo plazo (es decir, en ganar la próxima elección), estaría dispuesto a emprender. Son proyectos de sexenios, no de discursos de campaña frente al mar con la marea baja de testigo.
Así que no, Bahía de Kino no va a competir con Cancún la próxima temporada. Pero eso es lo de menos: en tiempos de guerra electoral, no importa si la promesa es realizable, importa que suene bien en el video, que el mar se vea bonito de fondo, y que la frase “cuenten conmigo” quede bien colocada al final, como firma de autor.
Y aquí es donde entra la encomienda final: a Judith Armenta Cota, presidenta del Consejo Estatal de Morena, le vendría bien recordarles a los seis encampañados y encampañadas por la gubernatura que este proceso interno merece algo de seriedad. Que las giras por la costa, las fotos con el ostionero y las promesas de convertir cualquier playa en la próxima Riviera Maya no le hacen ningún favor a la discusión política que Sonora necesita. Que se guarden las sandeces para la sobremesa, y que en público, al menos, hablen con los pies en la tierra —o en la arena, ya que estamos en Kino—.
Porque si algo necesita el proceso interno de Morena no son más capillas convertidas en catedrales, sino candidatos que sepan distinguir entre una y otra. Me despido con un comercial: sintonicen a las 6:10 AM, “La Caliente” 90.7 FM., el colega y amigo José Ángel Partida me abre un espacio en su noticiero en el que comentaremos con más detalle esta columna. ¡No se lo pierdan!
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
