Olor a dinero
Por: Feliciano J. Espriella
Lunes 27 de julio de 2026
Sonora 2027: ¿experiencia probada o curva de aprendizaje?
Con solo tres años para gobernar Sonora, Javier Lamarque coloca la experiencia en el centro de la disputa por la candidatura de Morena en 2027. Arropado por fundadores del movimiento, plantea además una segunda batalla: preservar su identidad original.
El encuentro “Una historia nos une” fue, ante todo, una exhibición de credenciales. Al reunir a Lamarque Cano, Wendy Briceño Zuloaga y Heriberto Aguilar Castillo, el mensaje hacia la militancia —y hacia quienes disputan la candidatura— fue claro: ellos estuvieron en Morena antes de que el partido repartiera cargos y posiciones de poder, cuando pertenecer al movimiento implicaba más riesgos que recompensas.
En una contienda interna donde casi todos los aspirantes pueden reivindicar cercanía con la Cuarta Transformación, la antigüedad y la experiencia se perfilan como los principales elementos de diferenciación. De la asamblea se desprenden tres ejes centrales para entender lo que está en juego.
1. Un gobierno de tres años: sin margen para improvisar
Por la reforma que busca empatar las elecciones locales con las federales, el próximo gobernador de Sonora ejercerá un periodo de solo tres años. “Tenemos que hacer seis años de trabajo en tres”, afirmó Lamarque.
La frase tiene un evidente cálculo electoral, pero también señala un problema real de gestión pública: un periodo tan corto deja poco margen para conocer la burocracia, integrar equipos y comenzar a mostrar resultados. Lamarque busca convertir esta limitación en ventaja competitiva, apelando a su experiencia al frente del Ayuntamiento de Cajeme para “agarrar el carro andando” sin detener la marcha de la Cuarta Transformación. Es la disyuntiva que quiere instalar entre militantes y electores: ante un gobierno excepcionalmente breve, ¿conviene apostar por experiencia administrativa o asumir el costo de una curva de aprendizaje?
2. La batalla por la identidad
El segundo mensaje apunta hacia el interior de Morena. Briceño y Aguilar evocaron 2015, cuando —según relataron— casi nadie quería ser candidato del partido en Sonora y el movimiento apenas sembraba sus primeras semillas.
Hoy la situación es distinta: Morena gobierna el país, el estado y numerosos municipios, con enorme capacidad para repartir candidaturas. Por eso, argumentan, la antigüedad cobra nuevo valor. Lamarque advirtió sobre el riesgo de que el partido “se desvíe del propósito original” de justicia social e igualdad, mientras Aguilar lo describió como un hombre de “congruencia y convicción” desde los años en que el triunfo aún parecía lejano.
“Una historia nos une” no solo reivindica el pasado: construye una credencial de legitimidad para disputar el futuro. El mensaje hacia otros aspirantes es directo: ellos estuvieron presentes cuando Morena no ofrecía cargos ni victorias. La contienda interna, entonces, no se definirá solo por encuestas, sino por quién logra presentarse como garante de la identidad original del movimiento.
3. Segundo piso y paridad real
El tercer eje conecta la disputa sonorense con el proyecto nacional de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El “segundo piso de la Cuarta Transformación” fue presentado como continuidad de lo iniciado en Sonora durante el gobierno de Alfonso Durazo. Briceño subrayó un dato relevante: siete de cada diez familias sonorenses reciben algún beneficio de programas sociales, varios ya convertidos en derechos constitucionales.
Lamarque, por su parte, abordó el “tiempo de mujeres”, buscando alejarse de una lectura confrontativa entre géneros: no se trata, dijo, de “mujeres arriba y hombres abajo”, sino de una igualdad efectiva sin violencia ni negación de derechos —una respuesta anticipada a un debate que sin duda surgirá en la definición de la candidatura.
Una carrera contra el reloj
La apuesta de Lamarque combina tres elementos: experiencia administrativa, identidad fundacional y continuidad de la Cuarta Transformación. El primero, sin embargo, parece el de mayor alcance, porque el próximo gobierno de Sonora será atípico: tres años son apenas un suspiro para una administración estatal.
Lamarque parece haberlo entendido y busca apropiarse de ese argumento desde ahora: mientras otros aspirantes deberán explicar qué quieren hacer, él intentará convencer de que ya sabe cómo hacerlo. Falta ver si los sonorenses comprarán esa premisa, en una elección donde quizá la verdadera pregunta no sea quién promete más, sino quién necesita menos tiempo para empezar.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
