Olor a dinero
Por: Feliciano J. Espriella
Lunes 23 de febrero de 2026
Descenderá la CTM otro peldaño en la escalera de la irrelevancia
La elección del nuevo dirigente de la CTM violará estatutos, ignorará a la base y coronará a un personaje repudiado. La central obrera desciende otro peldaño en su larga caída hacia la irrelevancia.
La Confederación de Trabajadores de México (CTM) fue durante décadas el pilar más sólido del régimen. No solo fue el brazo obrero del PRI: fue el instrumento de control social más eficaz creado por el corporativismo posrevolucionario. Sus dirigentes no administraban sindicatos, administraban estabilidad nacional. Ese poder político, construido por Lázaro Cárdenas, Vicente Lombardo Toledano y perfeccionado por Fidel Velázquez, terminó por convertir a la CTM en una especie de “catedral sindical”, de la que emanaba una autoridad que incluso los presidentes respetaban y temían.
Hoy, esa catedral se cae a pedazos.
La elección del nuevo dirigente nacional, que se realizará mañana martes, confirma la profundidad del derrumbe: la CTM está a punto de descender otro peldaño en su larguísima escalera hacia la irrelevancia. Y lo hará, además, violando sus propios estatutos, ignorando a su base y coronando a un personaje impugnado, señalado y repudiado al interior de la organización.
Un poder que se extingue
Para entender la dimensión del desplome basta mirar alrededor:
• La CNC (sector campesino) es ya un cascarón sin influencia territorial real.
• La CNOP (sector popular), que alguna vez articuló comerciantes, profesionistas y clase media priista, hoy carece de presencia política.
Ambas están muertas políticamente. Solo faltaba la CTM para completar el funeral del viejo sistema de sectores. Y lo que veremos mañana prácticamente entierra la etapa final del corporativismo mexicano.
El principio del fin: la CTM post-Fidel
Tras la muerte de Fidel Velázquez en 1997 —el último patriarca que podía colocar a un presidente contra la pared con un simple gesto—, sus sucesores heredaron la estructura más envejecida, opaca y burocrática del país. Y la debilitaron gradualmente.
Leonardo Rodríguez Alcaine, “La Güera”, fue el primer eslabón del declive. Venía del sindicalismo real, sí, pero también de la vieja escuela de control férreo, represión interna y excesos personales. Su muerte abrió paso a Joaquín Gamboa Pascoe, un personaje aristocrático, alejado de los obreros, cuya fortuna en paraísos fiscales —revelada en los Paradise Papers— terminó por exhibir a la CTM como un negocio privado disfrazado de organización obrera.
Luego llegó Carlos Aceves del Olmo, que en diez años profundizó la desconexión con las bases, acompañó sin resistencia la pérdida de contratos emblemáticos (como el de GM Silao) y terminó convertido en un líder ausente: cuatro años sin hablar en público, ocho meses sin aparecer en su oficina, y aun así aferrado al cargo hasta que su salud ya no se lo permitió.
Con Velázquez, los presidentes negociaban. Con Aceves, la CTM ya no pesaba ni en el Congreso ni en las mesas laborales. Pasó de ser gigante a sombra.
Una elección a modo y contra los estatutos
Los estatutos de la CTM —específicamente los artículos 2 y 21— establecen claramente cómo debe elegirse a su dirigente: mediante la participación de los representantes de los más de mil sindicatos afiliados.
Eso no ocurrirá mañana.
En vez de una elección representativa, decidirá un grupo de apenas 100 notables, seleccionados para asegurar la coronación de Tereso Medina, un personaje cuyo nombre provoca desencanto, resentimiento y, en algunos casos, verdadero repudio entre dirigentes estatales.
Su fama interna es pésima, al grado de que hace unos años el propio Aceves del Olmo reunió a los líderes estatales para advertirles:
“Tereso Medina es un traidor y lo vamos a expulsar”.
Hoy, el mismo Aceves lo impulsa con fervor. ¿Conversión súbita? ¿Conciencia nueva? ¿Milagro? Ninguno. Lo que sí circula con insistencia en los pasillos es la expresión: “maletines milagrosos”.
Un proceso viciado desde el origen
La irregularidad del proceso es tan evidente que varios inconformes pidieron la intervención del titular de la Secretaría del Trabajo, Marath Baruch Bolaños López, quien en el discurso presume un sindicalismo democrático y vertical. Pero el secretario decidió mirar hacia otro lado. Ni un posicionamiento, ni una cita, ni un extrañamiento. Nada.
Así, una elección ilegal, reducida y parcial será validada por omisión desde el propio gobierno federal, mientras la 4T presume apertura sindical y combate al charrismo.
Aceves del Olmo: epílogo penoso
El aún dirigente actuó de manera tardía incluso en los términos más básicos: la convocatoria fue lanzada apenas hacia el 23 de enero, pese a que los estatutos marcaban que debía hacerse desde el 2 de enero.
Y todavía trascendió un plan alterno, diseñado para asegurar la entronización de Medina:
1. Aceves se reelegiría.
2. Al día siguiente renunciaría “por salud”.
3. El Comité Nacional designaría a Medina como sustituto.
Ni así les cuadró. Optaron por la vía más burda: elegirlo a mano alzada entre los 100 invitados VIP.
La CTM enfrentará un liderazgo débil, cuestionado y dividido
Salvo un milagro político, mañana Medina tomará el control. Llegará con denuncias de malversación, peculado, tráfico de influencias y un historial que difícilmente sobreviviría a un proceso democrático auténtico.
Y eso tiene consecuencias estructurales:
• La CTM entrará dividida desde el día uno.
• La legitimidad del nuevo dirigente será mínima.
• Las federaciones estatales más fuertes —Coahuila incluida— ya anticipan rupturas y alineamientos alternos.
• Los sindicatos independientes aprovecharán la fractura para avanzar en sectores donde la CTM aún tiene presencia.
Además, Medina no llegará solo a un terreno movedizo: otro coahuilense, el diputado Ricardo Mejía Berdeja (PT), en conjunto con la legisladora Margarita García García, presentará un punto de acuerdo para que la STPS y el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral revisen la legalidad completa del proceso. Eso significa presión institucional inmediata, foco político y un flanco expuesto para impugnaciones.
El trasfondo: un sindicalismo que dejó de representar a los trabajadores
Lo verdaderamente trágico no es solo la llegada de Medina.
Lo trágico es que la CTM vuelve a exhibir al mundo el peor rostro del sindicalismo mexicano:
• Líderes eternizados.
• Nepotismo descarado.
• Corrupción como norma.
• Procesos amañados.
• Estatutos ignorados.
• Cargos convertidos en botín económico.
Esa degeneración explica por qué la CTM ha perdido contratos, influencia y respeto. Y por qué mañana, lejos de renovarse, dará un salto más hacia la irrelevancia.
Un sindicato sin base social no puede sobrevivir
La CTM sobrevivió porque fue útil al Estado.
Pero dejó de ser útil para los trabajadores hace décadas.
Y en un país donde la libertad sindical ya no es discurso sino ley (T-MEC mediante), los sindicatos sin legitimidad están condenados a la disolución lenta.
Mañana se consumará un nuevo capítulo de esa agonía.
La segunda parte —sobre la campaña millonaria de Medina, los comunicadores involucrados y la compra del cargo— la abordaremos el martes.
Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
