Olor a dinero
Por: Feliciano J. Espriella
Jueves 19 de febrero de 2026
Cuando la memoria se convierte en arma política
La publicación de “Ni venganza ni perdón” reabre viejas controversias y confirma que, en política, las memorias rara vez son inocentes: suelen ser piezas dentro de una disputa mayor.
Un antiguo refrán dice que basta una mordida para saber si una fruta está podrida. Pero hay ocasiones en que el olor es tan penetrante que ni siquiera hace falta probarla. El tufo basta.
Así ocurre con el libro que comenzó a circular hace unos días bajo el sugestivo título “Ni venganza ni perdón”. Yo no lo llamaría libro, sino libelo, porque reproduce tres rasgos clásicos: acusaciones sin sustento plenamente acreditado, intención difamatoria y cálculo político evidente.
Ante la pregunta de si ya leí la obra, mi respuesta coincide con la de la presidenta Claudia Sheinbaum: “no lo he leído ni lo voy a leer”. No toda provocación merece legitimación. Hay textos cuyo propósito no es esclarecer, sino instalar sospechas. Y cuando la intención es esa, la lectura se convierte en validación.
El hijo del recordado Julio Scherer García decidió publicar esta obra en coautoría con Jorge Fernández Menéndez. Más allá del contenido específico, la sociedad elegida es en sí misma un posicionamiento político. Fernández Menéndez ha sido identificado reiteradamente como un comunicador cercano al empresario Ricardo Salinas Pliego y como participante en foros internacionales de corte conservador, como la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC).
Esa alineación no es irrelevante en el contexto actual.
Diversos analistas han interpretado la aparición del libro como parte de una estrategia narrativa que busca confrontar al proyecto político de la llamada Cuarta Transformación. No se trata de una discusión literaria, sino de una pieza insertada en el tablero político rumbo a los próximos años.
En cuanto a Julio Scherer Ibarra, su paso por la Consejería Jurídica de la Presidencia estuvo rodeado de controversias públicas que en su momento fueron ampliamente difundidas. Se le señaló por la presunta existencia de “despachos satélite”, integrados por abogados cercanos que supuestamente ofrecían mediaciones ante la Fiscalía General de la República o la Unidad de Inteligencia Financiera. Esos señalamientos fueron negados por el propio Scherer, pero formaron parte del debate público durante meses.
El caso del abogado Juan Collado incluyó denuncias sobre presuntas presiones económicas y negociaciones condicionadas. También en el conflicto interno de la Cooperativa Cruz Azul se difundieron audios y testimonios que apuntaban a tácticas de presión jurídica. En ambos episodios, las acusaciones circularon ampliamente en medios nacionales.
Otro punto polémico fue la relación con la constructora OHL (hoy Aleática), donde se especuló sobre la posible intervención para frenar investigaciones administrativas. Nada de ello derivó en resoluciones judiciales concluyentes que acreditaran responsabilidades, pero el cúmulo de controversias dejó una estela difícil de ignorar.
Particularmente llamativa resultó la expresión “negociación de oídas”, utilizada por el propio Scherer en referencia a su interlocución con jueces y magistrados.
Sus críticos interpretaron el término como evidencia de acuerdos informales; sus defensores lo consideraron una descripción coloquial de diálogo político. La ambigüedad alimentó la polémica.
Ese historial es el que hoy sirve de telón de fondo para la publicación del libro. Cuando alguien con antecedentes de controversia pública decide presentar una obra que apunta hacia antiguos aliados, la pregunta obligada no es literaria, sino política: ¿ajuste de cuentas o ejercicio de memoria?
La alianza con Fernández Menéndez sugiere que el objetivo no es estrictamente testimonial. La coyuntura nacional, el reacomodo de fuerzas internas y el horizonte electoral de 2027 convierten cualquier narrativa en instrumento.
Dos personajes que durante años estuvieron cerca del poder hoy convergen en una publicación que promete no buscar venganza ni perdón. Pero cuando el discurso se construye desde la ruptura, la neutralidad resulta difícil de sostener.
En política, el contexto es todo. Y a veces, antes de morder la fruta, el olor basta para entender de qué se trata.
Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
