Una moneda antigua y un amor filial perenne
Héctor Rodríguez Espinoza
Martes 20 de enero de 2026
– ¿Y esa moneda vieja que tienes en tu biblioteca, qué cool, qué onda abuelito? -, me pregunta una de mis nietecitas.
– Mira, deja y te explico-, le contesto.
Mi mamá, María Trinidad Espinoza Othón (1914-2014), nativa de Mátape, Son. –como lo sabía mi hermano mayor Luis (+) y lo saben mis hermanos María Remedios “Reme”, Mario y Josefina “tía finita”-, era más bien parca para expresar su amor y cariño por nosotros, a diferencia de otras mamás que, melosas, colman demasiado a sus hijos y nietos con expresiones, abrazos, besos y regalos.
Sus lecciones de amor maternal nos las manifestaba de una manera muy singular. Lo hacía con su místico ejemplo cotidiano de saciarnos con los más deliciosos alimentos y antojos en la cocina sonorense hogareña, surtirnos con ropa de calidad que en el mostrador de nuestra tienda familiar compraba a una modesta fayuquera, ya no se diga acompañando a nuestro padre don Odón Rodríguez Reynoso, en la atención en pareja de la tienda de abarrotes “La ciudad de Zacatecas”–sostén de nuestra economía doméstica-, hasta la enfermedad de su esposo y, sobre todo, al asumir –en su viudez- la responsabilidad del abarrotes durante todas estas décadas y, desde ese mostrador, saldar las deudas farmacéuticas e hipotecarias, sacarnos adelante hasta la Universidad (ciertamente becados, los cuatro, por ser miembros de la Banda de Música) y, a la muerte de Luis, sostener temporalmente la difícil situación moral y económica de nuestra cuñada Carmelita Velásquez y de mis sobrinos Silvia del Carmen, Odoncito, Luisito y Verónica. No fue poca cosa su hazaña.

Una ocasión, ya estudiando Leyes a principios de los años 60s, ella me regaló un bonito y fino reloj Haste. En una visita a una Relojería Yeomans para su reparación, al poco tiempo fue cerrada y he lamentado su pérdida.
Ya en sus últimos años de lucidez, un día, tomando una moneda de la caja registradora, me dijo:
-“Toma, mijito”-. Me dio una moneda de $50 pesos. Anverso (cara principal): Escudo Nacional de México con la leyenda “ESTADOS UNIDOS MEXICANOS”. Reverso: Representa el famoso relieve de la Coyolxauhqui (diosa azteca de la Luna), junto con el símbolo $, el número 50, la inscripción “Templo Mayor de México”, el año 1982 y la marca de la Casa de Moneda “Mo”. Una pieza bonita y simbólica de la historia azteca, de la numismática mexicana. Composición: Cuproníquel (75% cobre, 25% níquel). Peso: 19.8 gramos (aprox.). Diámetro: 35 mm. Forma: Circular con canto estriado.
Hoy vale mucho más que sus 50 pesos originales para coleccionistas, pero no es una de las monedas que te va a hacer millonario, salvo que se tuviera un ejemplar con error muy especial y certificado por NGC/PCGS. La observo y me pregunto: ¿Qué mensaje –evidente u oculto, si lo hubo- me quiso dar “mi amá”?
La moneda la he conservado de amuleto como si fuera de oro puro. De hecho lo es para mí, por su pureza moral y maternal.
La tengo a la vista en mi pequeña biblioteca, dentro de una cajita de plástico con un crucifijo tipo jesuita que compré en la tienda de El Vaticano, hace tiempo. ¿Qué mejor compañía?
Espero que, a mi despedida de este mundo, quien conserve esta pequeña pieza metálica, aprecie su -para mí- inconmensurable valor sentimental que encierra.
