Andanzas literarias jurídicas. Bartleby, el escribiente mártir de “un abogado sin ambiciones”
(Brevísimo Ensayo II)
Héctor Rodríguez Espinoza
Miércoles 7 de enero de 2026
*Una simple anécdota de oficina, en una parábola sobre la condición humana.
Además, le digo al Dr. Iván Ballesteros, hurgando en mi colección de videos para mis alumnos cuando estaba activo en el aula, encontré este interesante video que embona en la obra que comentamos y que debe interesar a los literatos y a mis colegas juristas: “Cultura al Derecho. Bartleby, el escribiente: Literatura y Derecho”, de la UNAM.
El programa, transmitido en TV UNAM o plataformas asociadas, es una serie que explora las intersecciones entre obras literarias, cinematográficas o culturales y jurídicas. En éste, se analiza el relato como un puente entre literatura y derecho.
Resumen. El cuento, describe la llegada de Bartleby, un escribiente (copista legal) inicialmente eficiente y diligente. Sin embargo, progresivamente comienza a negarse a realizar tareas con la frase cortés pero firme: “Preferiría no hacerlo” (I would prefer not to). Esta resistencia pasiva escala hasta que Bartleby deja de trabajar por completo, se instala en la oficina como si fuera su hogar y, tras ser despedido, se niega a abandonarla. El abogado, desconcertado y compelido por una mezcla de compasión y frustración, termina mudándose de oficina para evitarlo. Bartleby es arrestado por vagancia, termina en prisión (conocida como “Las Tumbas”) y muere de inanición, mirando una pared.
Temas jurídicos y análisis destacados. El video enfatiza cómo la obra de Melville anticipa reflexiones profundas sobre el derecho y la sociedad: Resistencia pasiva y desobediencia civil: La fórmula de Bartleby representa una negación no violenta al sistema, similar a conceptos posteriores como la desobediencia civil (influencia en autores como Thoreau o Gandhi). Se discute si esta actitud constituye un acto de libertad individual o una patología.
Límites del derecho ante la interioridad humana: El abogado, representante del sistema legal racional y burocrático, se enfrenta a la impotencia del derecho para penetrar en la “muralla” psicológica y existencial de Bartleby. El derecho regula conductas externas, pero falla ante la negativa absoluta y autónoma.
Alienación laboral y deshumanización: Ambientado en un bufete de Wall Street, critica el capitalismo emergente, la rutina tediosa del trabajo burocrático y la alienación (prefigurando ideas marxistas). Bartleby simboliza el trabajador reducido a máquina, que finalmente “se apaga”.
Compasión vs. obligación legal: El narrador-abogado experimenta dilemas éticos: ¿despedirlo estrictamente por incumplimiento contractual o actuar con humanidad? Se exploran temas como el derecho a la vivienda (Bartleby ocupa la oficina), la vagancia como delito y la responsabilidad social ante la vulnerabilidad mental.
Interpretaciones filosóficas: Se menciona el existencialismo (absurdo de la existencia, como en Camus o Kafka), el nihilismo y lecturas contemporáneas (e.g., Gilles Deleuze ve en la fórmula de Bartleby una “lengua extranjera” que bloquea el sistema).
El episodio concluye destacando la vigencia de la obra: en un mundo de precariedad laboral y burnout, Bartleby encarna la rebelión silenciosa contra la obligación de “producir” y cuestiona si el derecho puede (o debe) resolver la soledad y el sinsentido humano. Este análisis interdisciplinario, típico de la serie, invita a los espectadores (estudiantes de derecho y público general) a enriquecer su perspectiva jurídica con la literatura. Si el video incluye invitados (académicos de la Facultad de Derecho UNAM), suelen profundizar en estas conexiones con ejemplos mexicanos o comparativos.
Del video anterior, me nació la idea de leer, al menos, el primer poema del libro Fuego de pobres (1961), de Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013), el que lleva por título “Nadie sale” (también conocido en algunas referencias como parte de las evocaciones de la lluvia en la Ciudad de México, un motivo recurrente en la obra):
NADIE SALE.
Parece que cuando llueve en México,
lo único posible es encerrarse desajustadamente
en guerra mínima,
a pensar los ochenta minutos de la hora
en que es hora de lágrimas. Nadie sale.
La calle se queda sola con su agua,
y el agua se queda sola con la calle. Y uno, aquí dentro,
con su pobreza a cuestas,
mirando cómo se moja el mundo.
Este poema abre el libro, estableciendo el tono de introspección urbana, soledad y pobreza compartida que atraviesa toda la colección.
Ahora, del libro Fuego de pobres (1923-2013), encontré esta reseña crítica del poema “Fuego de pobres”. El poema, que da título al libro homónimo publicado en 1961, representa un punto de inflexión en su trayectoria. Bonifaz Nuño, conocido inicialmente por su poesía de inspiración clásica grecolatina —con influencias helénicas y un tono más introspectivo y erótico en obras anteriores como La muerte del ángel (1945) o Los demonios y los ángeles (1955)—, da aquí un giro hacia una mayor conciencia social. El libro marca el “descubrimiento de los hechos sociales”, según describe la Enciclopedia de la Literatura en México: una apertura a las “escenas perdidas” de la realidad cotidiana, permitiendo que la voz poética nombre lo que suele pasar inadvertido en la sociedad mexicana. El poema inicial (el que lleva el título del libro) comienza con versos que capturan una atmósfera opresiva y cotidiana: Nadie sale, que transcribo arriba.
Aquellas líneas establecen un tono de encierro existencial, donde la lluvia —símbolo recurrente en la poesía mexicana de aislamiento y melancolía— actúa como catalizador de una introspección forzada. El “fuego de pobres” no es un fuego grandioso o purificador, sino uno precario, humilde: el de cigarros, cerillos, una taza de café a medio terminar, en medio de la soledad urbana. Bonifaz Nuño transforma la pobreza material y emocional en una flama tenue pero persistente, que ilumina la “suciedad del alma” y el cansancio vital.
Fortalezas: La principal virtud del poema radica en su precisión lingüística y su economía expresiva. Bonifaz Nuño, fiel a su formación clásica, emplea un verso libre pero medido, con imágenes concretas que evitan el sentimentalismo fácil. Hay una crítica implícita a la alienación moderna en la Ciudad de México: el encierro no solo físico (la lluvia que impide salir), sino psicológico y social. El poema humaniza la pobreza no como abstracción ideológica, sino como experiencia íntima —la espera infructuosa de una llamada telefónica, el cenicero sucio—, lo que lo acerca a una poesía de lo cotidiano influida por el realismo urbano de autores como Efraín Huerta o el propio Octavio Paz en sus fases más terrenales. Además, anticipa temas que Bonifaz desarrollará en obras posteriores, como La flama en el espejo (1971), donde el fuego se convierte en metáfora de purificación espiritual.
Debilidades: Algunos críticos podrían argumentar que, pese a su viraje social, el enfoque permanece excesivamente subjetivo y autobiográfico —inspirado, según el propio autor en entrevistas, en una ruptura amorosa de finales de los años 50—. La pobreza se filtra a través del yo lírico burgués e intelectual, sin llegar a una denuncia política explícita o a una solidaridad proletaria más radical, como en la poesía comprometida de la época (por ejemplo, la de Roque Dalton o la generación latinoamericana posterior). Esto puede hacer que el “fuego” resulte más melancólico que incendiario, más contemplativo que transformador. En comparación con su poesía clásica anterior, aquí el rigor formal se relaja ligeramente, lo que para puristas podría restar intensidad métrica. En resumen, “Fuego de pobres” es un poema emblemático de la madurez de Bonifaz Nuño: un puente entre el clasicismo erudito y una sensibilidad moderna ante la desigualdad. Su fuerza reside en la sutileza con que convierte la miseria cotidiana en símbolo poético perdurable, invitando al lector a reconocer en lo humilde una forma de resistencia silenciosa. Un texto esencial en la poesía mexicana del siglo XX, que merece relectura por su honestidad emocional y su mirada compasiva hacia lo marginal.
En conclusión, así como quien sabe únicamente Literatura, sabe poca Literatura, quien sabe sólo Derecho, sabe poco Derecho. Ambas disciplinas están inter e intra conectadas con el resto de las ciencias, particularmente con aquellas de su género social, como la Filosofía, las Bellas Artes, la Sociología, la Psicología, la Psiquiatría, la Historia, la Economía, la Pedagogía y la Política.
Si recortamos este ambicioso universo del conocimiento a las dos primeras, estaríamos frente al ideal de un Jurista Literato o a un Literato Jurista.
Video
