Gobierno 4T: la crisis del modelo
Bulmaro Pacheco
Domingo 30 de noviembre de 2025
Desde el gobierno, todas las mañanas atacan a los partidos políticos de oposición diciéndoles que “no existen”, que están “moralmente derrotados” y que “jamás regresarán por sus privilegios”.
Pero en las recurrentes manifestaciones de inconformidad registradas por la población contra las políticas del gobierno de la autollamada 4T, les echan la culpa a los partidos de oposición y se atreven a presentar como pruebas algunos contratos —con toda legalidad— de servicios firmados por ciudadanos con el PAN.
¿Quién les entiende? ¿Otra vez el síndrome de Felipe Calderón?
Por una parte, les dicen que no existen y, por la otra, los culpan de las expresiones de inconformidad cada día más frecuentes contra las decisiones de un modelo de gobierno que ha privilegiado el gasto público en buscar electores potenciales y ha descuidado el gasto en las políticas fundamentales que les han dado igualdad a los mexicanos, como la educación, la salud y la infraestructura.
El partido que solo representa al 43% de los votantes, no tiene dinero, está muy endeudado y la economía no crece.
En siete años de gobierno no han establecido un sistema de diálogo con quienes piensan diferente. Ni en los seis años que gobernó López Obrador ni en el que acaba de cumplir Claudia Sheinbaum se ha visto alguna fotografía de los presidentes de la República con los opositores, ni siquiera para consensuar políticas o para llegar a acuerdos como se hizo en el pasado.
Al contrario, las relaciones entre las oposiciones y el gobierno cada vez son más tensas, y eso lo ha registrado la población, que ha tomado por su cuenta y riesgo las manifestaciones opositoras.
Los cauces de participación política se han desbordado haciendo a un lado a las instituciones, y otra vez —como en el pasado— han sido las calles, las manifestaciones y la toma de instalaciones públicas las que han destacado en la toma de posición de amplios sectores de la población sobre las crisis y los problemas concretos de la realidad mexicana (huachicol, jóvenes, alcaldes, maiceros, maestros, limoneros, transportistas, etc.) que desde el gobierno les ha dado por ideologizar, ignorar o descalificar, echándole la culpa al pasado o a la idea cursi de la “extrema derecha”, como se hacía en México antes de la reforma política, por allá a mediados de los sesenta del siglo pasado, cuando en lugar de analizar con espíritu crítico los problemas políticos y sociales, aceptando la responsabilidad oficial, les daba por culpar a la conspiración rusa o a la Revolución Cubana.
Por eso, entre otras cosas, estalló la crisis de 1968, que al final no supieron resolver por la vía del diálogo, sino que se impuso la fuerza.
Eso es lo que vivimos en la pasada manifestación de los jóvenes del 15 de noviembre (la historia se repitió como comedia) en el Zócalo de la Ciudad de México, al reaparecer el llamado cuerpo de granaderos que desde el gobierno nos decían que ya había desaparecido, al igual que los tiempos de “la represión” (sic).
El gobierno no ha entendido que el hecho de que estén asesinando a cada rato a autoridades municipales se traduce en un desencanto generalizado entre la población, sobre los problemas de inseguridad que vive México. (¿Si eso le hacen a un presidente municipal, ¿qué puedo esperar yo como simple ciudadano?)
Asesinar a mansalva a un presidente municipal como el de Chilpancingo, Guerrero, al que incluso le cortaron la cabeza para exhibirla, fue una muestra de esa peligrosa asociación entre la política y el crimen organizado, muy poco estudiada y analizada, y ese asesinato no ha pasado de ser una carpeta más de investigación.
Pero la gota que derramó el vaso para el gobierno fue el asesinato de Carlos Manzo, el presidente municipal de Uruapan, Michoacán.
Los asesinos mataron a alguien que representaba un nuevo modelo de gobierno: abierto, valiente, desafiante y echado para adelante.
Un nuevo modelo independiente, alejado de Morena, que siempre demandó diálogo con la Presidenta, que no tuvo miedo en enfrentar y perseguir personalmente al crimen organizado y que al final pagó con su vida su enorme valentía y temeridad.
Al mismo tiempo, Manzo representaba ideales, expectativas y aspiraciones de una mayoría de la población harta del clima de inseguridad que se vive en México.
Representaba un nuevo etilo de gobierno que emocionó a muchos cuando lo escuchaban en sus entrevistas en medios nacionales. Por eso el enorme impacto y la movilización social que desató su asesinato entre capas importantes de la población que se identificaron con él y sus propuestas. Eso es lo que debe entender el gobierno y no acudir a las tesis conspiranoicas de siempre.
Por eso duele también —en esta muy visible descoordinación del gobierno— que no haya nadie capaz de contener los exabruptos verbales de un senador de la calaña de Fernández Noroña, que, en lugar de aportar elementos para la calma y la estabilidad, ofende a la nueva Presidenta de Uruapan Grecia Quiroz, la viuda de Manzo y le echa más gasolina al fuego de la irritación social, que seguro les pasará factura en las próximas elecciones.
El país está caliente políticamente, y si a eso le agregamos los datos proporcionados por el Banco de México, de que no habrá crecimiento económico en 2025 y que las expectativas para 2026 no son nada optimistas, con un endeudamiento de casi 10 billones de pesos más en siete años: ¿qué ofrecerle entonces a una población que cada día manifiesta más su inconformidad con un modelo de gobierno cerrado y ajeno totalmente a la autocrítica?
Al gobierno de nada le sirve el apoyo de sus aliados: los sindicatos nacionales y estatales que solo cuidan sus privilegios de muchos años y le dicen que sí a todo. Tampoco el de una parte de la cúpula empresarial que a cada rato va a rendirles pleitesía declarando que las cosas en México están muy bien (para ellos, of course), cuando la realidad a cada rato los desmiente.
Ya lo dijo el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas ayer: “Hay que escuchar a los que piensan diferente”, (57% de los votantes) “hay que dialogar” y hay que hacer una verdadera reforma fiscal para invertir más en salud y educación, donde las crisis se manifiestan con un mayor rigor. Cárdenas, un crítico que conoce las entrañas del sistema político como pocos, sabe lo que dice y está enviando un mensaje. Ojalá le hagan caso y no lo incluyan—muy al estilo actual— en la lista de conspiradores.
¿Qué van a celebrar entonces el próximo 6 de diciembre? No se ve por dónde.
bulmarop@gmail.com
