Los Mormones en Sonora

LOS MORMONES EN SONORA
Por: Ignacio Lagarda Lagarda

(Conocí la comunidad La Morita en el municipio de Bavispe, legalmente se llama La Mora, en 1979, donde vivía Daniel Langford con su familia de muchos hijos. Volví en 1981 haciendo una investigación geológica y desde San Miguelito, crucé la sierra Hachita Hueca por el Cañón del Púlpito y los llanos de Carretas rumbo a Nuevo Casas Grandes. Regresé 36 años después,  en 2017, cuando escribía un libro sobre el río Yaqui, y me encontré con una próspera y moderna comunidad habitada por unas 300 personas, entre ellos muchos niños descalzos. Sus habitantes me recibieron con una cordialidad inusitada, me abrieron las puertas de su casas y me ofrecieron el desayuno tradicional más exquisito que he disfrutado en mi vida, mientras me contaban la historia de su comunidad. Volví el 2018 y recibí el mismo trato.)
"Catorce carretones y mas de cien personas entraron a Sonora por el Paso del Púlpito. En el pesado viaje, las carretas tuvieron que subir más de 6 000 pies sobre una vereda por donde no habían circulado vehículos anteriormente. Tuvieron que ir componiendo el camino quitando rocas y árboles, y excavando para despejarlo. Las carretas fueron jaladas en las empinadas cuestas con cuerdas y poleas, y el descenso fue facilitado arrastrando troncos de árboles. El 15 de marzo [de 1892], el grupo salió del Cañón del Púlpito y entró al valle del Río Bavispe".

Los primeros colonos mormones llegaron a México a fines de 1884 y principios de 1885. George Lake, Isaac Turley, George Sevey y Alexander F. McDonald, junto con otros, se organizaron en campos, rentando algunas tierras donde fue posible. 

Fue así como los primeros colonos o Santos de los Últimos Días llegaron al noroeste de Chihuahua y acamparon en las cercanías de Ascensión en 1885 y con el tiempo se establecieron en siete colonias en la cuenca del río Casas Grandes. El primer asentamiento o estaca que crearon en la planicie del río fue Colonia Díaz en 1885; le siguió Colonia Juárez ese mismo año. En la montaña boscosa de pinos y abetos se asentaron la Cave Valley y Pacheco en 1887; Dublán, 1888; y García y Chuhuichupa en 1894. 
A pesar de las dificultades de establecerse en el desierto, las colonias convivieron en paz durante algunos años, pero los asentamientos no fueron suficientes para contener el muy robusto flujo migratorio de "santos" polígamos, por lo que consiguieron permisos para establecerse en Sonora, en una zona distante 80 km de la línea fronteriza entre México y EE. UU., aunque las leyes mexicanas prohibían que extranjeros adquirieran propiedades a menos de 20 leguas (111.45 km) de la frontera.

Colonia Morelos
Atravesando los llanos de Carretas, procedentes de las colonias en el estado de Chihuahua y desafiando los abruptos riscos del Cañón del Púlpito, catorce carretones con más de cien personas a bordo penetraron al noreste de Sonora. En el pesado viaje, las carretas tuvieron que subir más de 1 830 m s. n. m. por una vereda por donde no habían circulado vehículos anteriormente y los hombres tuvieron que ir arreglándola quitando rocas y árboles, y excavando para despejarla. Las carretas fueron jaladas en las empinadas cuestas con cuerdas y poleas, y el descenso fue facilitado arrastrando troncos de árboles. 

El 15 de marzo de 1892, el grupo salió del Cañón del Púlpito y entró al valle del río Bavispe 
George C. Williams y John C. Naegle habían negociado la compra de un terreno de algunas veinte millas a lo largo del río Bavispe donde se localizó un sitio para la fundación de un pueblo llamado Oaxaca el día de navidad de 1892. Oaxaca fue formalmente organizado como un Barrio en 1894 y creció los siguientes diez años. 
Los mormones se asentaron justamente en un espacio antiguamente disputado entre pimas, ópatas, apaches, janos y españoles, que para finales del siglo XIX quedó pacificado; era una zona de frontera que, precisamente por su peligrosidad y difícil geografía, resultó poco atractiva para la agricultura y la ganadería.

En 1900, aguas abajo del río Bavispe, exactamente donde confluye con el río Batepito y a 96 km de Douglas, Arizona en la frontera con EE. UU., justo en el sitio donde pocos años antes (mayo de 1887) ocurrió un devastador terremoto, en 3 642 hectáreas compradas en 1899 por el Presidente Ivins fue fundada la comunidad de Morelos como una rama del Barrio Oaxaca. 
En 1901, Morelos adquirió la categoría de Barrio y pudo contar con un obispo, que además de ser autoridad religiosa, tenía a su cargo la administración civil del pueblo. Si bien la población de la colonia aumentaba constantemente, nunca pasó de mil habitantes.
En el otoño de 1905, Barrio Oaxaca fue arrasado por una inundación del río Bavispe que destruyó el asentamiento y muchos colonos se mudaron a Morelos. 

En muy pocos años, los mormones de Morelos lograron hacer de ese páramo un vergel: su laboriosidad y enorme espíritu comunitario se volcaron a la creación de infraestructura de riego y la tierra pedregosa vio nacer cereales y frutas, además de albergar voluminosos hatos de ganado.

De igual manera, en esa pequeña comunidad los mormones establecieron prósperos comercios y molinos harineros, con cuya producción cubrían la demanda de una amplia zona que llegaba hasta Cumpas y Huachinera. Desarrollaron también otras actividades, como el servicio de transporte en convoyes de carretones tirados por mulas, en los que acarreaban mercancías a las comunidades vecinas y centros mineros; algunos arrieros mormones consiguieron contratos en las minas El Tigre y Nacozari para acarrear metal, antes del tendido de las vías férreas.

En la comunidad no existían diferencias sociales, aunque no todos sus habitantes tuvieron el mismo nivel económico; todos cumplían una férrea disciplina en el trabajo y se mantuvieron fieles al "Orden Unido". También destinaban tiempo para la diversión y en comunidad celebraban fiestas escolares en las que, a usanza de los planteles oficiales, se festejaba el 5 de mayo y el 16 de septiembre. Disfrutaban de paseos en bote a la luz de la luna sobre las plácidas aguas del río Bavispe y organizaban bailes al son de sus propios músicos, festejaban las navidades y eran muy buenos en el basquetbol.

Un rasgo que se destaca fue su aislamiento: al ser una comunidad autosustentable, fue una especie de burbuja sin nexos con su entorno; mantenía relaciones con las colonias de Chihuahua y con los mormones de Arizona y Nuevo México; con los habitantes de Bavispe, Bacerac, Fronteras y otras comunidades cercanas nada tenían que ver. En Barrio Morelos tenían sus propias leyes, tradiciones y líderes.

Su escuela no formó parte de la tendencia educativa positivista y patriótica impulsada en el Porfiriato: los mormones no aceptaban profesores mexicanos, no hablaban español; no había burdeles, policías ni cárcel, no los necesitaban, pues no se cometían delitos. A pesar de que no disponían de una oficina del Registro Civil, llevaban un puntual registro de nacimientos, matrimonios y defunciones. El gobierno civil estaba representado por un comisario, nombramiento que recayó en el líder religioso de la comunidad: el obispo, que tenía la función de ser intermediario entre los colonos mormones y el Estado mexicano, ante quien garantizaban fidelidad y orden, así como el atractivo ofrecimiento de impulsar el desarrollo económico de la región.

Su necesidad de mantenerse comunicados con su país de origen hizo necesario contar con caminos carreteros que unieran los pueblos con la frontera; por lo mismo promovieron la instalación de telégrafo y teléfono. Además de producir lo que necesitaban, cubrieron con sus excedentes agrícolas y ganaderos los requerimientos de los muy florecientes centros mineros del Porfiriato: El Tigre y Nacozari.

El rechazo de los sonorenses se expresó en el terreno económico; los mormones pronto controlaron el mercado regional, dominaron el sistema de transporte en esa difícil geografía, tuvieron el control de la comunicación telegráfica y guardaron, además, excelentes relaciones con la élite política del estado. El rechazo de los lugareños —particularmente de rancheros y comerciantes locales— se expresó en un atentado dinamitero al poblado en 1908 y el incendio al molino harinero en 1910, presagios de males mayores para los Santos de los Últimos Días.

En 1909, se planeó construir esta nueva colonia sobre las márgenes del río Batepito, localizada a quince kilómetros al noreste de Barrio Morelos, su nombre: San José. El proyecto comenzó a desarrollarse muy en serio y varios colonos, encabezados por la familia Langford, alistaron sus bestias y cabalgaron río arriba para concretar la nueva idea. Ésta no tuvo tiempo de consolidarse ya que fue abruptamente interrumpida por el movimiento revolucionario de 1910.

Mientras que en 1910 la mayor parte del país se convulsionaba con el inicio de la Revolución Mexicana, la vida en Barrio Morelos transcurría sin sobresaltos y cabalgaba a todo galope por la senda del éxito en todos los aspectos y llegó a ser una comunidad organizada y muy próspera económicamente.

Sin embargo, los problemas comenzaron con la rebelión de Pascual Orozco en contra de Francisco I. Madero. Lo primero que tuvieron en contra los mormones fue el hecho de estar sobre el único camino que conducía de Agua Prieta, Sonora a Casas Grandes, Chihuahua.

En esta etapa del movimiento revolucionario, Álvaro Obregón, quien al frente del 4.° Batallón Irregular de Sonora, se dirigía a Chihuahua para combatir a los orozquistas. Para ello marcha a Naco y luego a Agua Prieta, donde se le unen diversos contingentes. Una vez reorganizadas y aumentadas sus fuerzas, sale hacia Barrio Morelos, a donde llega el día 23 de junio de 1912, alterando la tranquilidad de sus moradores. En el pueblo se pone a las órdenes del teniente coronel Heriberto Rivera y se forma un ejército de 900 hombres. La sola presencia de los soldados mexicanos era motivo de gran inquietud y molestias para los residentes mormones, quienes en esta primera ocasión tuvieron que soportar a tanta gente extraña durante dieciséis días, ya que las tropas salieron rumbo a Chihuahua hasta el 9 de julio.

Los soldados, acantonados en las calles y en la escuela del pueblo, se comportaban escandalosamente. Hubo exigencias sobre la propiedad privada y los caballos de los mormones tuvieron que ser escondidos en las colinas para protegerlos. El obispo Charles W. Lillywhite y una comisión de ciudadanos solicitaron a Obregón y Rivera que removieran las tropas a una respetuosa distancia de sus casas. Fueron recibidos con insolencia y los soldados continuaron bañándose desnudos en las acequias y contaminando el agua.

Cuando no eran los maderistas eran los orozquistas quienes mermaban su tranquilidad y sus bienes; ya sea mediante saqueos, confiscaciones, préstamos o créditos forzosos.

La desbandada de los mormones se aceleró cuando el jefe orozquista José Inés Salazar empezó a recogerles sus armas, argumentando que no podía permitir grupos extranjeros armados en territorio mexicano. Obviamente la exigencia de Salazar de desarmar a los mormones más que en el respeto de la ley, se basaba en la envidia que a los vecinos mexicanos causaban las buenas casas, maquinaria, ganado, tierras, etc., de los mormones, envidia que se remontaba al Porfiriato, cuando la mayoría de los mexicanos se explicó la transformación de los desiertos chihuahuenses en "fértiles campos de labor", al hecho de que contaban con minas de oro, que secretamente trabajaban de noche.

Barrio Oaxaca era punto estratégico en la ruta que transitaron maderistas, maytorenistas, orozquistas y carrancistas; la Revolución puso fin a un exitoso y próspero ejercicio colonizador llevado a cabo por extranjeros bajo una ética religiosa particular. El ambiente enrarecido ocasionado por las acciones militares y, sobre todo, el profundo interés de las facciones contendientes por asegurar el dominio de la frontera para conseguir armamento en EE. UU.

Finalmente, el 30 de agosto de 1912, 450 mormones en 60 carretones, salieron rumbo a Douglas, Arizona seguido de otro grupo el 3 de septiembre abandonando sus confortables hogares y prósperos negocios. La mayoría eran mujeres y niños. Un nuevo éxodo había comenzado, esta vez hacia los EE. UU., de donde habían salido menos de 30 años antes. Fueron alojados en campos temporales con tiendas en El Paso y en Douglas, Arizona, esperando y soñando con un pronto retorno a sus hogares.

Al cuidado de los intereses de la colonia habían quedado cerca de treinta hombres, quienes, según informes en poder del Senado norteamericano, fueron víctimas de malos tratos, humillaciones, amenazas y pillaje, por lo cual los últimos mormones abandonaron la colonia a mediados de septiembre de 1912.

Unas pocas familias regresaron dentro de poco tiempo. Bajo la dirección del obispo Joseph C. Bentley, soportaron los siguientes siete años de incertidumbre bajo la revolución. Debido a su fortaleza, fueron el núcleo de Santos en México a quienes otros se les unieron cuando la violencia revolucionaria había cesado.

Pascual Orozco fue vencido por Obregón en septiembre, pero antes, los "colorados" repartieron casas y terrenos de los mormones a mexicanos simpatizantes de su movimiento; una vez derrotado Orozco, se resistieron a devolver las propiedades. 

El asesinato de Madero en febrero de 1913 complicó la situación; Barrio Oaxaca fue de nuevo escenario de guerra entre facciones militares adversarias; Carranza prometió apoyo a los mormones para que pudieran regresar a sus propiedades, pero la esperanza se esfumó para ellos en abril de 1914, cuando tropas de EE. UU. desembarcaron en Veracruz.

Concluyó así el exitoso experimento colonizador practicado por los mormones en el extremo noreste de la frontera sonorense. En enero de 1916 el gobernador y comandante militar Plutarco Elías Calles, mediante decreto, "facultó al comisario de policía de Barrio Morelos para que efectuara un reparto ordenado de los terrenos y lotes urbanos a los solicitantes que fueran llegando". 

Después de visitas intermitentes de reducidos grupos de mormones a Barrio Morelos para evaluar el estado de sus propiedades, que no estuvieron exentas de riesgosos y a veces fatales incidentes, el señor Anthony W. Ivins vendió al gobierno federal las 14 000 hectáreas y demás bienes de Barrio Morelos en cien mil dólares, mediante la escritura pública Núm. 4 con fecha 2 de junio de 1921, ante la fe del notario público Pablo Peralta.

Sucesivos acuerdos presidenciales de 1923, 1926 y 1930 concedieron en usufructo esos terrenos a cerca de cien mexicanos solicitantes bajo la modalidad de colonia agrícola y ganadera, conservando su nombre original, ahora como Colonia Morelos.

Colonia Morelos es actualmente un pequeño asentamiento enclavado en lo ríspido de la sierra sonorense, cuya fisonomía es muy distinta a la de los pueblos circunvecinos. Fue fundada en los albores del siglo XX por un puñado de hombres, mujeres y niños que se desterraron voluntariamente a causa de leyes que les eran adversas en EE. UU.; para eludirlas, buscaron acomodo al sur de la frontera, en un territorio inhóspito, con la consigna de dar forma a un orden social fincado en una ética religiosa, la mormona, que permitió configurar una comunidad con sólidos vínculos sociales, aunque aislada del entorno social de la época.

La Morita
En los años treinta, la familia Langford decidió regresar a Sonora y fundar una nueva comunidad en el río Bavispe, aguas arriba de Barrio Oaxaca, a unos seis kilómetros de San Miguelito, al pie del cerro Mesa el Malpaís, en el municipio de río Bavispe, con el nombre de La Morita. 

En 1990, la Morita tenía 58 habitantes, el año 2000, 102 habitantes y el 2010; 218 habitantes. 
Actualmente el pueblo cuenta con alrededor de 50 casas, lo que hace suponer que tendrá unos 300 habitantes. 

Los mormones en La Morita se dedican a la agricultura, cultivan nogal, forraje, árboles frutales, crían borregos y vacas, explotan minas, hacen trabajo de carpintería de alta calidad y se emplean y tienen negocios en EE. UU.

Están estrechamente vinculados con las comunidades mormonas de Chihuahua, se casan entre ellos, principalmente con la familia Lebarón, quienes llegaron en 1924 a Chihuahua y fundaron una comunidad con su apellido y que son comúnmente denominados como Lebarones. Por eso, los mormones de La Morita van y vienen a la colonia LeBarón de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua, atravesando y desafiando los abruptos riscos del Cañón del Púlpito y los llanos de Carretas, como lo hicieron los primeros mormones cuando llegaron a Sonora.