Gobernar México: nunca ha sido fácil

 

Gobernar México: nunca ha sido fácil

Bulmaro Pacheco

 

El presidente López Obrador acaba de lanzarle a sus opositores una maniobra distractora, para que dejen de criticarlo a cada rato y no se opongan a sus programas de gobierno.

 

Enemigo radical de la autocrítica, el presidente ha sido poco dado a la apertura y en cada señalamiento de sus opositores él ve una conspiración o un ataque que busca "desplazarlo" del poder. Cuando no les llama conservadores los moteja como fifís o zopilotes. En los casi 18 meses que lleva de gobierno jamás ha reconocido un error de su gobierno o una mala decisión, aunque la realidad y los colaboradores que le han renunciado lo estén desmintiendo a cada rato.

 

Les ha dicho que está en la "mejor disposición" para que se adelante la consulta de la revocación de mandato -señalada en la Constitución para cuando haya cumplido la mitad del sexenio (artículo 35, fr. IX, p. 2: "Se podrá solicitar en una sola ocasión y durante los primeros tres meses posteriores a la conclusión del tercer año del período constitucional")- y se realice el próximo año, aprovechando que hay elecciones federales y de gobernadores para que dicha consulta no cueste.

 

El argumento lleva chanfle. Su partido Morena ha experimentado una notable caída en la preferencia de los electores de cara a la próxima elección de 48 puntos en enero del 2019 a 18 en marzo del 2020. Las razones: el desgaste de sus gobiernos, las malas decisiones y los conflictos internos que ese partido no ha podido resolver por su dispersión y sus fracturas; el más importante: el de la renovación de sus dirigencias nacional y locales.

 

Adelantar el procedimiento de la revocación de mandato con AMLO en las boletas de la próxima elección, solo estaría pensado para darle una bocanada de oxígeno a su partido ante el riesgo de perder la mayoría en la Cámara de Diputados en 2021.

 

Se tendría que reformar la Constitución y ya no hay tiempo. Ni el presidente ni Morena tienen mayoría calificada en la Cámara de Senadores y las oposiciones ya dijeron que no. Además tienen en contra la disposición de que no se podrán hacer reformas  a leyes electorales tres meses antes del inicio del proceso electoral (artículo 105 de la CPEUM).

 

Ningún presidente de México de la época moderna ha recibido al inicio de su gestión administraciones públicas a salvo de crisis y la totalidad de los problemas resueltos. Ha sido cada presidente y su circunstancia sexenal. Cada uno de ellos ha debido enfrentar los problemas propios de sus períodos en un país muy difícil de gobernar. Ahí está la historia, ahí están los ejemplos y los antecedentes de cada etapa. Ahí está el desgaste de cada uno también. La historia ha registrado tanto la euforia y expectativas con las que han llegado al poder como el desgaste y las crisis con las que han salido. Muy pocos se han librado del juicio popular.

 

Lázaro Cárdenas fue muy buen presidente, pero se le complicó la sucesión presidencial. Enfrentó fuertes conflictos con los empresarios, enfrentó la rebelión de Saturnino Cedillo y la postulación de Juan Andrew Almazán en contra del candidato del PRM Manuel Ávila Camacho.

 

Ávila Camacho fue el presidente de la conciliación y el creador de varios instituciones, entre otras el IMSS. Se le complicó la sucesión por la postulación de su ex secretario de Relaciones Exteriores, Ezequiel Padilla (por el PDM), contra el candidato del PRI Miguel Alemán.

 

Alemán promovió la industrialización de México y rompió la tradición de presidentes militares. Al final, la sucesión se le complicó por la rebelión y fractura de una parte importante del PRI encabezada por Miguel Henríquez Guzmán, contra Adolfo Ruiz Cortines.

 

Don Adolfo gobernó con austeridad y sin escándalos de corrupción y le tocó manejar su sucesión sin conflictos (la primera vez desde 1928), a favor del secretario del Trabajo Adolfo López Mateos.

 

Díaz Ordaz, sucesor de López Mateos,  enfrentó el conflicto político y social de 1968; el más importante desde el movimiento cristero. Su gobierno quedó marcado por el pésimo manejo de dicha crisis y la historia ha sido severa con su estilo personal de gobernar.

 

A Luis Echeverría le tocó la primera devaluación del peso en 22 años. Le tocó enfrentar fuertes tensiones con el sector empresarial y por segunda ocasión se habló de la posibilidad de un golpe de Estado.

 

José López Portillo inició su sexenio con una política de conciliación y un llamado a la unidad, que le funcionó los primeros tres años. Al final la economía se le descompuso y estatizó la banca privada, con tensiones y enfrentamientos de antología con el sector empresarial.

 

Miguel de la Madrid venía del sector financiero del gobierno y generó expectativas de conciliación. La economía se le salió de control, el PRI experimentó su peor fractura desde 1952, se le complicó la transmisión del poder por el agotamiento del método sucesorio y tuvo la elección presidencial más cuestionada desde la de Vasconcelos.

 

Todo indicaba que Carlos Salinas de Gortari tenía todo para manejar sin tensiones su período sexenal. A finales de 1993 se le complicó la sucesión con la rebeldía de Manuel Camacho. La otra pesadilla empezó en enero de 1994 con la rebelión de Chiapas (fuga de capitales), siguió en marzo con el asesinato del candidato presidencial del PRI (otra fuga de capitales), en septiembre con la muerte del secretario general del PRI, y las tensiones con el equipo entrante por la devaluación del peso.

 

A Ernesto Zedillo le pasó casi lo mismo que al presidente Emilio Portes Gil 66 años después. Portes Gil tuvo que sortear la muerte de tres candidatos presidenciales, los saldos del movimiento cristero, la rebelión escobarista de 1929, la autonomía de la UNAM, la rebelión de José Vasconcelos, y la depresión económica de 1929. A Zedillo, la devaluación de diciembre, el conflicto de Chiapas, la investigación de los asesinatos políticos y la primera rebelión de un ex presidente de la República. Fue el primer presidente del PRI en entregar el poder a un dirigente de la oposición en el 2000.

 

Fox entró con grandes expectativas de cambio, pero se quedó a medias y se le complicó su propia sucesión. Compartió el gabinete con los empresarios (La Coparmex en trabajo y gobernación, la Gillete en turismo, la Dupont en energía y Usabiaga a agricultura entre otros) Quiso imponer candidata y forzó a su partido. Provocó la elección presidencial más cerrada (0.56% de diferencia) en México en un siglo.

 

Felipe Calderón ganó la elección por menos de un punto y eso le complicó la gobernabilidad. Le tocó la recesión del 2009 y la caída de la economía en 5.3%. También trató de imponer candidato presidencial forzando tensiones en su partido y con él terminó el PAN 12 años de gobierno.

 

Enrique Peña Nieto hizo reformas estructurales en varias áreas del gobierno y la sociedad, pero le ganó su inexperiencia política. No reformó el poder, dejó intactos los vicios políticos que habían provocado la primera derrota presidencial y alteró notablemente la operación política en el PRI. Perdió la elección y dio lugar al primer gobierno de izquierda en México.

 

Esa es la historia que el presidente López Obrador debería analizar y dejar de ver conspiraciones y moros con tranchete en todos lados.

 

La historia lo va a juzgar por lo que no ha hecho; por la caída de la economía; la inseguridad galopante, las obras faraónicas, y las interminables reyertas política que han dividido como nunca a México.

 

Todos los presidentes de México -incluyendo a sus favoritos-, han resistido ataques, críticas, traiciones e incomprensiones. -La condición humana al fin-. México ha sido siempre una nación muy difícil de gobernar y ahí están los ejemplos. Intereses creados siempre habrá. Conflictos políticos también. Presiones internacionales ni se diga.

 

¿Conspiraciones y luchas por el poder?, el pan de cada día, aún en el propio partido del Presidente. ¡Traiciones? Ahí está la historia. ¿Para qué tanto brinco entonces, estando el suelo tan parejo? El tiempo avanza y no se repone.

 

bulmarop@gmail.com