Pan compartido, sabe mejor…

No solo café
Azalea Lizárraga C.


Pan compartido, sabe mejor…

Gracias a Dios que no soy economista, porque si lo fuera estaría más preocupada que lo que hoy estoy, con los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que alertan sobre un panorama laboral sumamente desalentador y que augura la pérdida de aproximadamente 172 mil empleos para nuestro país en los meses por venir, lo que difícilmente nos permitirá recuperarnos  en lo económico, mucho menos en el tejido social, en el corto plazo.

Tampoco ayuda saber que en el resto de los países del orbe la situación económica está también que arde. Tal vez la pandemia de coronavirus fue la válvula liberadora por la cual los países se atrevieron a sacar a relucir sus datos de perspectiva económica. Porque de que se han incrementado los niveles de pobreza en este planeta que habremos de heredar a nuestros hijos, es más que evidente.

Algunos lo adjudicarán a la tecnología que avanza inexorablemente e invade todos los planos del quehacer que genera recursos económicos y que, a simple vista, se pensaría para bien y que no lo es tanto. Tecnología  que también se refleja en nuestro ser, porque entre tanta comunicación masiva, hemos ido perdiendo el contacto físico y hasta afectivo con nuestra familia, amigos y el entorno inmediato.   Los hay quienes argumenten que "convivimos" más debido al watsup, Instagram o  Facebook, por mencionar tres plataformas que consumen mucho del tiempo que antaño dedicábamos a la convivencia directa. 

Plataformas que, curiosamente, sobre todo Facebook o Instagram, nos presentan entornos idílicos y maravillosos que generalmente distan mucho de ser la realidad que viven cotidianamente quienes allí se expresan de tal manera. Fotos de amplias sonrisas que no reflejan el trasfondo real de nuestra vida pero que, como dicen algunos psicólogos, imaginarnos el mundo en el que quisiéramos  vivir ayuda un poco a despresurizar la cruda realidad, liberar la angustia interna y no caer en estados depresivos. Si es así, pues bienvenidas sean.

Pero volvamos al desempleo, la preocupación de los emprendedores, los pequeños y medianos empresarios y los nubarrones de tormenta que se ciernen sobre el entorno económico de nuestro estado y país. 

Y es que con las predicciones no  muy esperanzadoras de la OTI para este año y el próximo, de hecho, son medio apocalípticos a nivel global, se estima que el desempleo afectará aproximadamente a 2.5 millones más de personas en el mundo.

En nuestro país, el desempleo no necesariamente se da tan solo en los estratos socioeconómicos más desprotegidos y vulnerables, además de que para estos sectores existen apoyos gubernamentales, lo que de entrada es una política social aceptable y hasta encomiable, aunque con algunos prietitos en el arroz.  Lo lamentable es que el rasero no se aplica parejo para todos los mexicanos y se pichicatean o, de plano, se niegan los apoyos requeridos por el sector de las Mipymes -la micro, pequeña y mediana empresa- quienes verdaderamente sudan la gota gorda y se parten el lomo generando empleos, ni qué decir de los que tributan en el ámbito del autoempleo.

Súmele usted el hecho de que el Fondo Monetario Internacional también endureció sus análisis y redujo del 1.3 al 1% su pronóstico de crecimiento para la economía mexicana en este 2020 -¿sería antes de la pandemia?- motivado tal vez por la casi nula inversión pública y privada que se presenta en sectores prioritarios, lo que genera un panorama muy desalentador, sobre todo para los jóvenes que recién se incorporan al mercado laboral, porque no solo no se están creando nuevas fuentes de empleo sino que están desapareciendo las actuales y, si bien nos va, habremos de ser testigos de un incremento sustancial en el problema de jornadas laborales reducidas en las que actualmente apenas sobreviven poco más de 4.3 millones de mexicanos. 

Con lo anterior, no alcanzo a dimensionar cómo aterrizarán las predicciones presidenciales de Andrés Manuel López Obrador, sobre la generación de 2 millones de empleos para este año y, mucho menos, cómo logrará una mayor inversión pública para ello, si al mismo tiempo se va a ampliar la dimensión de los programas sociales.  No hay dinero que alcance para todo lo anterior, a menos que se endurezca la política tributaria.

Mucho menos vemos cómo va a lograrlo si no se pone de acuerdo con la iniciativa privada conformada por los casi 6 millones 300 mil micro y pequeños empresarios de México que no se sienten considerados en los planes presidenciales de crecimiento económico, muchos menos atendidos, a pesar que ellos representan el 90% del sector económico y generan casi el 75% de los empleos del país. 

Porque, no me diga usted que otorgar 2 millones de créditos, de entre 10 y 25 mil pesos para este sector, harán una diferencia significativa para frenar la desaparición de empleos. A final de cuentan solo ayudará a que una franja mínima de las mipymes puedan sostener, por un tiempo muy limitado, el sueldo de quienes están en contingencia sanitaria.

Coincidimos con los liderazgos empresariales y sociales que insisten en la necesidad de establecer una agenda nacional conjunta y pactar medidas coordinadas para combatir los estragos económicos y suavizar el impacto social que la pandemia del coronavirus dejará a lo largo y ancho del territorio nacional. Ya habrá tiempo después para las grandes obras.

En Sonora, tanto el gobierno del estado como algunos ayuntamientos, entre ellos Hermosillo, están alineando estrategias y haciendo lo propio con los limitados recursos y las atribuciones que su autonomía les permite, con el objetivo prioritario de tratar de reducir el impacto socioeconómico a las familias sonorenses. Bien por la gobernadora Claudia Pavlovich y la alcaldesa Célida López, que realmente entienden el por qué y para qué de su función política, a pesar de los asegunes, los dimes y diretes.

azaleal@golfo.uson.mx
@Lourdesazalea


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