Aristófanes y el estado actual de la política en México

Aristófanes y el estado actual de la política en México

*Injusticia, abuso de poder, desigualdad y corrupción.

 

 Héctor Rodríguez Espinoza

 

Viernes 20 de marzo de 2020

 

Aristófanes (Atenas, 450 a.C.-id., 385 a.C.), comediógrafo griego, poco se sabe sobre su vida, tan sólo detalles de su obra, de la que se conserva una cuarta parte. Ciudadano implicado en la política ateniense: participó para la instauración del Partido Aristocrático y mostró su desacuerdo con la manera de gobernar de los demócratas. Se opuso a la guerra fratricida del Peloponeso, porque llevaba a la miseria a los campesinos del Ática, que denunció sobre todo en Lisístrata.

 

Su postura conservadora le llevó a defender la validez de los tradicionales mitos religiosos y reacios ante cualquier nueva doctrina filosófica. Conocida es su animadversión hacia Sócrates, a quien en Las nubes presenta como a un demagogo dedicado a inculcar todo tipo de insensateces en los jóvenes. En el arte tampoco se caracterizó por una actitud innovadora; consideraba a Eurípides como una degradación del clásico.

 

De sus cuarenta comedias, nos han llegado íntegras once, las únicas griegas conservadas; es difícil establecer la originalidad que se le atribuye como su máximo representante. Se basan en un ingenioso uso del lenguaje, incisivo y sarcástico y combinan lo trivial y cotidiano con pausadas exposiciones líricas que interrumpen la acción. Constituye una fórmula personal, nunca adaptada, ni por los latinos ni en el Renacimiento.

 

Debutó muy joven, en el año 427, con Los convidados; en el 426 presentó Los babilonios, donde atacaba la política de Cleonte, lo que le valió un proceso; ambas perdidas. En el siglo V era costumbre que el autor asumiera también la función de instructor del coro y encargado de la puesta en escena (corodidáscalo). Pero ocurría que otra persona se ocupara de ello y figurara en las actas de las fiestas. Por ello estas dos aparecen atribuidas a Calístrato.

 

La primera que dirigió fue Los acarnienses (425), la más antigua que se conserva de él: el campesino ático Diceópolis, harto de la guerra del Peloponeso, que dura seis años, decide concluir por su propia cuenta la paz con los espartanos y encarga que le envíen de Esparta una paz privada de treinta años en forma de una exquisita bebida, llevando así una alegre vida pacífica en medio de esos horrores. Esta fantasía cómica antimilitarista es de una endiablada jocundidad, plena de pasajes divertidos.

 

En Las nubes (423), representada en las Grandes Dionisíacas, avanza en otra dirección satirizando en la figura de Sócrates a la nueva filosofía y a los nuevos métodos de educación. Debe su nombre al coro integrado por nubes, creación poética muy compleja cuyo primer canto, según Albin Lesky, "pertenece a lo más hermoso de la poesía griega".

 

En Las avispas (422) es la manía de los atenienses por los pleitos y procesos ante los tribunales. Se desarrolla entre jocosas escenas, como la del proceso casero contra un perro, acusado de haber robado un queso. Su título alude al coro de viejos jueces populares, caracterizados como avispas provistas de grandes aguijones. Imitada por J. Racine, reaparece la problemática de la relación padre e hijo, presente en Los convidados y en Las nubes.

 

Los caballeros

 

En ésta (en griego antigüo ?????? Hippeîs, 424), los nobles y ricos jóvenes de la élite conservadora, parte del coro, atacan duramente al demagogo Cleonte, representado en el pícaro esclavo que engaña a su anciano amo. El tono es tan áspero que Cleonte, quien con su acusación a raíz de Los babilonios no había logrado intimidar a Aristófanes, intentó otro proceso contra él.

 

Se adapta e ironiza muy bien el estado actual de la política en México.

 

La comedia aristofánica, a pesar del tiempo en la que fue escrita, es fresca, maleable y atemporal, trata de injusticia, abuso de poder, desigualdad y demás problemas sociales que afectan a cualquier época y civilización.

 

El lenguaje utilizado es soez, pícaro y lleno de albures muy a la mexicana, divierte al público por su astucia, mezcla un lenguaje rico y poético que puede deleitar todos los oídos.

 

Nos habla de cómo cuatro candidatos tratan de agradar a Demos (el pueblo), para que éste le preste sus favores, además lógicamente de sus riquezas. Invita a escuchar lo que plantean, la forma en la cual lo ayudarán y gobernarán.

 

Es una excelente perspectiva de ver a nuestros candidatos a los cargos, una forma ridícula pero asertiva que nos deja con esa reflexión sobre a quién debemos de darle nuestra confianza y voto. Hace que brote, de su ser, una risotada al estilo griego y ¿por qué no? nos pueda hacer reflexionar de la misma forma.

 

Aristófanes gusta mucho, da muchas posibilidades a un actor, tiene una visión cómica, paródica de la realidad de manera grotesca, muy teatral. En el mundo en que vivimos tenemos que hacer reír, reírnos de nosotros mismos. Los caballeros no la conocía y decidí compartirla. Es muy actual, a pesar de los siglos que nos separan. ¿No es sorprendente?

 

La historia nunca cambia. Los caballeros es una obra satírica, desenfrenada crítica a Cleón, uno de los hombres más poderosos de la antigua Atenas.

 

Cleón había acusado una vez a Aristófanes de "avergonzar a la ciudad delante de extranjeros" como respuesta a la representación de una de sus comedias (su obra perdida Los babilonios) en las Dionisias, a las que asistían extranjeros. Aristófanes nunca le perdonó y escribió Los caballeros como respuesta.

 

Su premisa básica es que hay un hombre llamado Demos (en griego "ciudadanía", pueblo) que no es muy listo. Sus esclavos, Nicias y Demóstenes (dos de los generales atenienses más importantes de la Guerra del Peloponeso) están enfadados por la forma en la que el camarero de Demos, el Paflagonio (es decir, Cleón) ha estado tratando a Demos y a los otros esclavos. Descubren que la forma de apartar al Paflagonio del poder es reemplazarlo por un vendedor de morcillas (moronga o rellena en México, embutido a base de sangre coagulada, generalmente de cerdo y color oscuro).

 

Los dos esclavos encuentran al vendedor y le explican su plan, mostrándose éste más que dispuesto a ayudarles.

 

La obra degenera cuando el vendedor de moronga amenaza con hacer todas las cosas terribles que el Paflagonio hizo a Demos, y más. Ambos intercambian insultos e intentan superarse uno al otro en idiotez y grosería. Al final, Demos decide que tomará al vendedor de moronga como nuevo camarero.

 

El vendedor de moronga resulta no ser un tirano cruel, habiendo dicho tales cosas sólo para ser elegido, trayéndole a Demos una Tregua (personificada como una hermosa doncella). El castigo del Paflagonio es tomar el antiguo trabajo del vendedor de moronga, "debe vender moronga de carne de burro y perro: perpetuamente ebrio, intercambiará obscenidades con prostitutas y no beberá más que al agua sucia de los baños".

 

Además de la crítica a Cleón, esta obra es notable por su poco favorecedor retrato del pueblo como tonto, fácil de engañar e inconstante. Al final, sin embargo, muestra una conclusión iluminadora de Demos, siendo devuelto a como era en su juventud, lo que representa la vuelta de Atenas a su edad dorada, a pesar de toda la corrupción e intriga en el Ática durante la Guerra del Peloponeso.

 

Fiestas. También esta comedia, como Los acarnienses antes, quedó primera de las fiestas Leneas del 424 aC, por delante de Cratino y Aristómenes. Sin embargo, es extraño que ganara y no sólo porque no es de sus mejores, sino por su punto de vista político, bastante inoportuno en esos momentos: un ataque a Cleón tan claro y con el susodicho victorioso, que demuestra el nivel de libertad de expresión al que habían llegado los atenienses. Cleón, demagogo, había insuflado ánimos belicistas en la asamblea, con el fin de atacar una posición espartana. Se sumó a la expedición de Demóstenes y la prominente victoria le consiguió una fama y unos honores, que para Aristófanes resultan más que exagerados.

 

El título responde al del contingente militar de mil hombres reclutado anualmente entre los que podían permitirse un caballo. Quedaban muy bien en los desfiles, probablemente mejor que en el combate y gozaban de cierta popularidad gracias a una reciente victoria, mientras los comandaba Nicias (enemigo político de Cleón). Sin embargo, este éxito no fue comparable con el de Demóstenes (apropiado por el demagogo).

 

El personaje de la obra (el esclavo Paflagonio) se atribuye méritos ajenos, es un traidor que sólo mira a su medro personal, practica la extorsión, acepta sobornos, engaña al pueblo con oráculos y halaga las bajas pasiones, la agresividad y la codicia. Como todos los demagogos, es un depravado indecente. A pesar de las exageraciones cómicas, las coincidencias con otros testimonios sobre Cleón, contemporáneos y posteriores, permiten forjarse su imagen poco halagüeña.

 

El esquema típico en otras producciones de Aristófanes se reduce, en Los caballeros, a una suerte de agón continuo, que sigue inmediatamente a la exposición del conflicto y a una párodo reducidísima.

 

¿Nada nuevo?

 

Inspirada en el Antiguo Testamento, en Eclesiastés el rey Salomón habla de que hay tiempo de nacer, tiempo de morir, tiempo de trabajar, tiempo de descansar, etc. y que nada de lo que pase es nuevo. Escrito muy sabio que se adecua a todo tiempo humano: Nihil novum sub sole. (No hay nada nuevo bajo el sol).


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