Pobreza, columna "Laboratorio de ideas", de Rafael Ramírez Villaescusa

Laboratorio de ideas

Por Rafael Ramírez Villaescusa

 

Jueves 8 de agosto de 2019

 

Pobreza

 

 

Esta semana el CONEVAL dio a conocer los resultados más recientes de su ejercicio para la medición de la pobreza en México. Recordemos que nuestro país adopta un enfoque mutidimensional para cuantificar dicho fenómeno, mismo que parte de dos ejes fundamentales: por un lado, está el ingreso de las personas y por otro, el ejercicio de derechos constitucionales como el derecho a la educación, a la salud, a la seguridad social, a una vivienda digna y a una alimentación adecuada. Cuando esos derechos no se pueden ejercer plenamente se dice que estamos ante una carencia social.

 

Los datos publicados por el CONEVAL permiten medir resultados a lo largo de toda una década. En términos absolutos y relativos, es decir tanto en número como en porcentaje respecto al total de habitantes, la población en situación de pobreza extrema tuvo un descenso de 3 millones de personas, pasando de representar el 11% de la población en 2008 al 7.4% en 2018. Lo anterior es importante ya que se trata de la pobreza que más lastima.

 

Sin embargo, en esos mismos términos, la población que se encuentra en pobreza moderada aumentó en 3.3 millones. Si tomamos en cuenta que los 3 millones que estaban en pobreza extrema pasaron a formar parte de las filas de la pobreza moderada, podemos concluir que el conjunto denominado pobreza (suma de pobreza extrema y pobreza moderada) experimentó un crecimiento de 300 mil personas. No obstante este incremento, si tomamos en cuenta el crecimiento poblacional experimentado en los últimos 10 años, el porcentaje de personas en situación de pobreza disminuyó, al pasar del 44.4% al 41.9%. Se trata de un magro resultado, no obstante lo positivo en la reducción de la pobreza extrema.

 

Si atendemos a la desagregación de la información, podemos observar como todas las carencias sociales disminuyeron, salvo aquella relacionada con la alimentación. Para entender este fenómeno debemos de partir del hecho -ya referido- de la incorporación de 300 mil personas al subconjunto pobreza moderada, situación que se explica, atendiendo a la información proporcionada por el CONEVAL, debido al aumento de la población vulnerable por ingresos, misma que pasó del 4.7% en 2008 al 6.9% en 2018.

 

Una primera conclusión que podemos extraer es que sí es posible combatir a la pobreza extrema mediante programas enfocados a la reducción de las carencias sociales. La Estrategia Nacional de Inclusión (ENI) fue un importante esfuerzo de coordinación para el combate a la pobreza mediante la reducción de carencias que tuvo lugar durante la administración del Presidente Peña Nieto. En el período 2014-2018, mismo que se corresponde con la ENI, todas las carencias sociales en el país disminuyeron. Programas como PROSPERA (anteriormente Oportunidades) funcionaban razonablemente bien, Hoy, sin embargo, ya no existen.

 

En el caso de Sonora también se advierte un descenso de carencias sociales, particularmente en materia de rezago educativo, acceso a la salud, seguridad social, así como calidad y espacios en la vivienda.

 

Sin embargo, hemos fallado en lograr mejores resultados en los indicadores relacionados con el ingreso de las personas, variable estrechamente ligada al crecimiento económico, asignatura pendiente y en la que aún estamos debiendo.

 

Lo anterior queda de manifiesto en el aumento que tuvo en los últimos dos años el porcentaje de la población que se encuentra por debajo de la línea de bienestar (36.1% a 36.9%), mismo que impacta carencias sociales como la relacionada con una alimentación adecuada y que explica en cierta medida a mi parecer, el ligero repunte de la pobreza en nuestra entidad durante el mismo período (27.9% a 28.2%). No obstante lo anterior y si tomamos como punto de partida la situación que se tenía en 2014, el balance para Sonora es positivo, toda vez que los subconjuntos pobreza extrema y pobreza moderada, así como todas las carencias sociales con excepción de los servicios básicos en la vivienda, han experimentado reducciones.

 

Por lo expuesto, podemos también señalar que la estrategia de coordinación y focalización de esfuerzos para el abatimiento de rezagos da buenos resultados, pero estos son insuficientes si no se acompañan con políticas públicas que promuevan el crecimiento económico de nuestra entidad.

 

Finalmente, no puedo dejar de mencionar el hecho de que la pobreza también es un fenómeno que se ve afectado por las altas tasas de natalidad en la población de menores ingresos y que crea una presión constante sobre todo en temas relacionados con la vivienda. Es por ello que parte de una política integral para mejorar la vida de las personas debe también enfocarse en aspectos relacionados con el control de la natalidad.

 

A todos los lectores les recuerdo que me pueden seguir a través de redes sociales. Twitter: @elrafaramirez y Facebook: @rafaelramirezunison. Dudas, sugerencias y comentarios son bienvenidos: laboratoriodeideasunison@gmail.com

 

Rafael Ramírez Villaescusa es Doctor en Gobierno y Administración Pública por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor del Departamento de Derecho de la Universidad de Sonora.


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