Dos de octubre, herida que no cierra

Vertiente octubre 02 2021.


Dos de octubre, herida que no cierra .- La ignominia de Tlatelolco es fuego que sigue quemando la memoria.- Imprescindible repasar la historia para no tropezar dos voces con la misma piedra.- Hoy se cumplen 53 años del horrendo sacrificio de la Plaza de las Tres Culturas…


Bernardo Elenes Habas


El hartazgo de la generación del 68, se concentraba contra un sistema represor, cuyos presidentes de la República, escudados en los valores de la democracia, acumulaban el poder absoluto y la obediencia ciega como si fuesen emperadores.


Fue la juventud estudiosa quien abrió, en 1968, las jaulas del grito y las ideas, la rebeldía, la inteligencia, siendo reprimida a sangre y fuego por esa osadía.


En la conmemoración de la Noche de Tlatelolco, toman mayor relevancia las raíces de inconformidad de la juventud estudiosa. Muchachos y muchachas rebeldes que aún no descansan en paz.


Los testimonios de hace 53 años, están en los libros.

Pero también asoman desde pueblos y ciudades testimonios vivos, memoria acribillada, recuerdos ensangrentado de los jóvenes de ayer.


Generación deslumbrante, tocada por el rayo de las ideas. Iluminada por el anhelo de libertad y justicia.


Generación que incendiaba sus cerebros a través de los textos. Leyendo a Neruda, Miguel Hernández, Octavio Paz, Carlos Fuentes, León Felipe, Walt Whitman. (el legendario poeta gris que cabalgó las praderas de Norteamérica, derramando sus versos como lluvia, y cantando: "La libertad exige nuestro esfuerzo, suceda lo que suceda").


Desafortunadamente de aquel 2 de Octubre, donde brotó la sangre casi niña de hombres y mujeres. Donde los gritos de angustia se confundieron con la noche, con la metralla, con la muerte, solo queda el Memorial de Tlatelolco. Erosionado por el viento de los años. Perpetuando el recuerdo. Dolor convertido en semilla silenciosa…


Perduran también, en la impunidad, los emplazados por la historia, sin haber sido juzgados plenamente, aunque a casi a todos los condenó su propia muerte: Gustavo Díaz Ordaz, Marcelino García Barragán, Luis Echeverría Álvarez, Miguel Nazar Haro. Entre tantos integrantes del sexenio 1964-1970.


Othón Villela Larralde, poeta que desde la clandestinidad alumbraba las calles con sus poemas convertidos en fogatas urbanas, pasaba lista de presente, y aunque permanecía vivo, se contaba entre los muertos:

"Las bayonetas,/ fieras aceradas; clavaron su crueldad en los pupitres/ y en los pechos abiertos de los jóvenes.

"La sangre derramó su son rebelde/ desde la voz truncada por el fuego./ México supo del dolor y el crimen/ y la noche cayó sobre la angustia/ con las arterias rotas…

"¡Gonzalo estaba muerto!/ Guadalupe, abril tamaulipeco,/ no volvió a decir en sus corridos/ las cosas nuevas de su tierra vieja;/ ya ni el corrido injusto de sí mismo./ Cuántas sonrisas frescas se cambiaron de golpe/ por muecas permanentes de distancia/ sin pasar por el huerto del sollozo./ ¿Su delito? Exigir la verdad y la justicia.

"Nunca el verde fue más tétrico y odiado/ que en esta noche que produce un rojo desolado,/ caliente y borboteante,/ con el viaje del plomo despiadado/ que equivocó de rumbo.

"Arriba,/ un general y un presidente,/ embadurnados,/ con su danza mortífera e histérica,/ con la mueca del odio y la injusticia/ en parodia de Herodes y de Hitler…".


Han pasado 53 años, y la noche de la ignominia permanece como herida en la conciencia.


Pero también, en la historia de un país, cuya clase política, pese a cambios y transformaciones, no aprende las lecciones de los tiempos, y continúa desafiando la paciencia de una sociedad impredecible…


Le saludo, lector.





Columnas

    Error al mostrar categorias!