Para entender a los partidos

Para entender a los partidos
Bulmaro Pacheco
 
Domingo 8 de agosto de 2021
 
 
En la historia de México se han dado casos de partidos políticos que solo han durado una elección. Sí, han sido partidos de debut y despedida porque no alcanzaron el porcentaje de votación exigido por las leyes electorales para conservar el registro, y su vigencia terminó apenas en el primer proceso electoral en el que participaron.
 
Ejemplos hay: El de Centro Democrático, de Manuel Camacho; el De la Rosa, de Gilberto Rincón; Fuerza Ciudadana, de Jorge Alcocer; el Humanista; y recientemente, los tres que aparecieron en el nuevo escenario nacional como apoyo a la llamada 4T; Redes Sociales progresistas, impulsado por Elba Esther Gordillo; Fuerza México, de Pedro Haces; y el renovado Encuentro Solidario —que en elecciones pasadas participó como Encuentro Social o PES—.
Otros, como el llamado Partido de la Sociedad Nacionalista, desaparecería por hacer mal uso de los recursos económicos recibidos de la autoridad electoral.
 
Otros más envejecieron y ya no fueron atractivos para el electorado, como el Partido Popular Socialista (PPS); el Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM); el del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (o ferrocarril PFCRN); el PAS (Alianza Social); el Demócrata Mexicano (PDM); y el Revolucionario de los Trabajadores (PRT).
 
Agotamientos, malos manejos, distanciamiento del electorado, fallas en la selección de sus candidatos, dirigencias eternas y una mala lectura del momento político de México, es lo que ha llevado a muchos partidos políticos a su desaparición y pérdida de registro.
 
Unos más hábiles han sobrevivido por la política de alianzas que han diseñado, para asegurar votos y espacios de representación política.
 
El Partido del Trabajo, por ejemplo, reducto de la izquierda tradicional en México (que todavía defienden a regímenes como el de Corea del Norte), fue fundado desde el poder al inicio de la década de los noventas, como un intento de diversificar las ofertas de izquierda ante la emergencia del PRD (fundado con ex priistas en 1989). Fue rescatado por el PRI en una elección extraordinaria de diputado en Aguascalientes, cuando perdió el registro en 2015 por no haber alcanzado el 3 % de la votación. Desde siempre ha hecho alianzas con las izquierdas y ha sobrevivido en las últimas elecciones.
 
El Partido Nueva Alianza (surgido en 2003) ha hecho alianzas con el PAN, el PRI y Morena. Aunque perdió el registro nacional en 2018 todavía lo conserva como local en 17 entidades. Una parte importante de su militancia se pasó a Redes Sociales Progresistas, la nueva organización impulsada por la fundadora del PANAL.
 
El Verde Ecologista, un partido también fundado y alentado desde el poder con la familia González Torres, parientes de Emilio Martínez Manautou, ha sobrevivido principalmente por su política de alianzas: Con Fox en el 2000, con el PRI en 2012 y con Morena en 2018. De ese tamaño.
 
Nadie tiene una versión exacta del porqué de la ruptura de Dante Delgado con López Obrador, cuando desde el Partido Convergencia se habían impulsado varios cuadros —hoy de Morena— en distintos cargos de elección, y también se promovieron alianzas electorales que fructificaron en gubernaturas.
 
Dante, que fundó primero Convergencia y después Movimiento Ciudadano, rechazaría ir en alianzas y se ha convertido en uno de los más agudos críticos del gobierno de Morena. Movimiento Ciudadano ha desplazado al PRD y es por ahora (con el 7% de la votación) la cuarta fuerza política de México.
 
De 1929 al 2021 han sido creados en México 40 partidos políticos, de los cuales y hasta ahora solo sobreviven siete en lo nacional: PAN, PRI, PRD, MC, Verde, PT y Morena. El PANAL y el PES como locales en algunos Estados (El TEPJF resolverá en unas semanas más, si confirma o cambia la desaparición de FM, RSP y PES).
 
Ha quedado claro que ya no pueden emplearse los viejos métodos para interpretar el comportamiento actual y futuro de los partidos políticos. Ya no son lo mismo que en sus orígenes, porque todos han experimentado cambios importantes tanto en su interior como en su entorno.
 
El PAN, por ejemplo, empezó con problemas desde que accedió al poder   en su primera gubernatura en 1989 y en la Presidencia de la República en el 2000. Mostró que lo criticado al PRI durante años, sobre todo la corrupción y la antidemocracia, también se practicaba en su interior. Sólo duró dos sexenios en la Presidencia, pero 30 años en Baja California y va para 33 en Guanajuato. No se puede entender al PAN sin señalar la corrupción de sus gobernadores y otros representantes populares.
 
Al PRI no se le puede entender sin su primera crisis sucesoria de 1952, sin sus rupturas de 1988, sin los asesinatos políticos de 1994, sin las acciones de personajes como Leonel Cota, Mario López (Malova) Ricardo Monreal o Arturo Núñez que se rebelaron contra los cacicazgos de los gobernadores y decidieron salirse del partido para postularse candidatos, y ganaron. Ahí cambiaron sin duda el rumbo tanto de esas entidades como el voto hacia el PRI.
 
No se pueden ignorar las formaciones políticas como el PRD, Verde, PANAL y Convergencia surgidos de fracturas del PRI, y que terminarían por afectarlo y restarle votantes.
 
Tampoco se puede dejar por fuera el análisis de los efectos políticos negativos generados en los votantes en el PRI por los escándalos de sus ex gobernadores "de la modernidad", como los de Tamaulipas, presos en los Estados Unidos; los Duarte, de Veracruz y Chihuahua; y el pionero en estos menesteres: Mario Villanueva, en Quintana Roo; entre otros.
 
Todas las falsas tesis y creencias que han caído en los últimos 30 años han cambiado la forma de abordar las crisis de los partidos políticos en México. Ya no se pueden abordar con la famosa tesis de "volver a los orígenes" porque ya no existen las mismas condiciones de cuando fueron creados. México y el mundo han cambiado radicalmente y ya no se puede, como decía Emerson, aplicar viejos remedios a nuevos problemas, porque el tiempo ha sido el mayor innovador.
 
Ejemplos hay muchos: El mito del cambio generacional enarbolado por algunos, cuando tenemos un presidente de la República de casi 70 años de edad y gobernadores que andan en los mismos años; la corrupción, como un mal endémico que afecta a todos los partidos; el transfuguismo político, que hizo trizas a los principios y la disciplina; la frivolidad de los gobiernos, que han provocado las crisis en sus partidos; los cacicazgos económicos y políticos, que no han sido tocados ni con el pétalo de una rosa; la imposición de candidaturas contra viento y marea; la sucesión presidencial, sin nuevos métodos y copiando del PRI la facultad presidencial de designar candidaturas; y la falta de respuestas viables y oportunas para los principales problemas de México.
 
Sí, es cierto que la victoria de López Obrador en 2018 fue fruto del hartazgo ciudadano contra los vicios y las desviaciones de los gobiernos del PRI y el PAN, que los partidos no quisieron —ni pudieron— evitar y combatir, pero no está lejano el día en que se incremente el desencanto ciudadano tanto con el presidente como con su partido Morena. Son muchos los problemas agravados. Ahí están los escándalos con la Suprema Corte y el Tribunal Electoral, el manejo de la salud, y si algo faltara, las cifras recientes del CONEVAL sobre la pobreza extrema, que se ha incrementado en los años de gobierno de AMLO.
 
Y también las señales de la gente para el futuro: Ya se vieron las primeras en la elección del 6 de junio y también en la reciente consulta para enjuiciar a los personajes políticos del pasado.
 
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