Sucesión presidencial: nada nuevo

Sucesión presidencial: nada nuevo
Bulmaro Pacheco
 
Domingo 18 de julio de 2021
 
 
Se adelantó la sucesión presidencial del 2024. Todo sin medir los costos políticos ni las consecuencias directas en la gobernabilidad y la estabilidad de México a 3 años de la próxima elección.
 
Nadie podría afirmar que el Presidente de México no conoce la historia si a cada rato le da por citar pasajes y personajes para justificar su estilo de gobierno. Nadie podrá rebatir tampoco, que al abrir su propio juego sucesorio el presidente repite las formas y los estilos de quienes le antecedieron en el cargo asumiendo la responsabilidad de que sea el propio presidente el que decida la candidatura de quien habrá de relevarlo. Así se hizo desde 1934 hasta el 2018 por los presidentes en turno y al parecer así se hará de aquí a finales del 2023 con las sacudidas y las estrujadas sociales y políticas que la lucha por el poder siempre ha provocado en México y ahora—por lo visto—no será la excepción.
 
Cuando Venustiano Carranza en 1920 se decidió por Ignacio Bonillas como su candidato a sucederlo en la Presidencia, selló el destino y la suerte política de ambos. Bonilla, de Magdalena, Sonora, había sido un servidor público intachable y prestigiado.
 
Los sonorenses liderados por Álvaro Obregón reaccionaron con el Plan de Agua Prieta desconociendo al presidente. Abrieron la confrontación y Carranza terminó asesinado el 6 de mayo de 1920 en Tlaxcalantongo, Puebla, camino a Veracruz. Adolfo De la Huerta cubrió el interinato de seis meses y Obregón ascendió el 1 de diciembre a la Presidencia para el período 1920-1924.
 
Ya avanzado su gobierno, Obregón manifestó su preferencia por Plutarco Elías Calles, su secretario de Gobernación, para sucederlo en 1924.
 
Su secretario de Hacienda, Adolfo De la Huerta, se le rebeló y convenció a una parte importante del ejército para acompañarlo en una aventura que terminaría en forma trágica. Muchos muertos y De la Huerta en el exilio.
 
En la sucesión de 1928, los tres candidatos presidenciales terminaron muertos: Francisco Serrano (Oct. 1927), Arnulfo R. Gómez (Nov. 1927) y Álvaro Obregón, que intentó la reelección, en julio de 1928. El pleito por la sucesión presidencial amainó por un tiempo con la decisión de Calles de fundar el PNR, para tratar de unificar a todas las corrientes políticas que se disputaban el poder presidencial.
 
Así, fueron candidatos, Pascual Ortiz Rubio en 1929 y Lázaro Cárdenas en 1934. Cárdenas, el primero de la época post revolucionaria que cumpliría un sexenio en la Presidencia.
Al optar por la candidatura de Manuel Ávila Camacho, Lázaro Cárdenas abrió un frente con las fuerzas agrupadas alrededor de otro militar: Juan Andrew Almazán, que a través del Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN) logró obtener 151 mil votos en esa elección.
 
La gran ruptura se dio en 1952 cuando se rebeló el general Miguel Henríquez Guzmán a través de la llamada Federación de Partidos Políticos del Pueblo (FPPP) y de innumerables políticos aliados al cardenismo le hizo frente a la candidatura de Adolfo Ruiz Cortines.
 
La crisis sucesoria por el agotamiento del método se agudizó con el tiempo. El Movimiento de 1968, la crisis de las candidaturas única de José López Portillo en 1976, la reforma política de 1978, las crisis económicas y las rupturas en el PRI terminaron por hacer crecer a las oposiciones y dispersar el poder presidencial, entre varios factores de poder, entre ellos los gobernadores, el PAN y las izquierdas.
 
Ocurrieron eventos que le agregaron tensiones a la crisis: Desde 1927-28 no asesinaban en México a candidatos presidenciales, lo que ocurrió en 1994 un año que se agravó con la crisis en Chiapas y con los problemas económicos. En 1997 el PRI perdió la mayoría en la Cámara de diputados y en el 2000 la Presidencia.
 
Ahora, el Presidente López Obrador abrió muy temprano el juego de su propia sucesión al adelantar nombres para medirlos; primero ante la opinión pública y posteriormente tomar la decisión. No hay comparación.
 
Fox se adelantó en 1997, pero Fox no era presidente; lo tildaron de loco pero terminó por imponerse como candidato en el PAN. El PRI, al perder la Presidencia en el 2000, perdió al referente político que marcaba tiempos, nombres y circunstancias. Por eso Roberto Madrazo logró, a través de la Presidencia del CEN del PRI, la candidatura en 2006, y Peña Nieto fue impulsado en 2011 por los gobernadores. En el 2018 regresó el esquema tradicional de decisión con Peña Nieto con pésimos resultados para el PRI que por segunda vez en la historia se fue al tercer lugar.
 
Ahora, y con Morena en el poder, nada cambia el estilo que utilizaron los presidentes del PRI y el PAN. Seguirá utilizándose la facultad de los presidentes para heredar sucesor. ¿Habrá condiciones para que lo haga sin dividir a sus propios aliados allá a finales del 2023? Por lo adelantado del proceso nadie lo podrá garantizar.
 
Desde el principio de su gobierno, todos saben e intuyen que la favorita del presidente López Obrador es Claudia Sheinbaum. Por eso la defendió y metió las manos por ella cuando la impuso como candidata para jefa de gobierno de la Ciudad de México en 2018, contra Ricardo Monreal. Por eso la defendió con todo de los efectos políticos del accidente de la línea 12 del Metro de la ciudad, y por eso le echó la culpa a la clase media de las derrotas de Morena el 6 de junio en la Ciudad de México y ahora la trata de fortalecer con el nombramiento de un connotado enemigo de Ricardo Monreal, Martí Batres como secretario de gobierno de la CdMx. Sin duda, la favorita del Presidente hasta el final y al costo que sea.
 
Para no dejar sola a Sheinbaum ni exponerla en la lista de aspirantes, López Obrador mencionó también a Marcelo Ebrard y a otros miembros de su equipo de trabajo y evitó mencionar al otro miembro de la terna más mencionada en estos tres años: Ricardo Monreal.
 
Con toda intención, el Presidente López Obrador dejó fuera de la lista al senador Ricardo Monreal, un ex priista como AMLO, hasta que en 1998 abandonara el partido para ser candidato del PRD al gobierno de Zacatecas y a partir de ahí varias veces senador y diputado. Todo hacía suponer que las cosas iban bien entre ellos hasta que Monreal fue vetado para la candidatura al gobierno de la CdMx en 2018. Sin embargo, Monreal —que ha mostrado disciplina y habilidad política— ya levantó la mano y —aunque el presidente lo haya ignorado— dijo que participará en el proceso interno —con o sin Morena—, lo que seguramente inquietó al presidente quien días después dijo también que la lista de aspirantes se ampliaba a los gobernadores y a los miembros del poder legislativo. Nadie le creyó, pero es su estrategia.
 
Será la segunda participación de Morena en una elección presidencial. Un partido que no tiene ni la disciplina ni la tradición democrática para manejar un proceso interno en forma democrática y sin conflictos y que depende de la voluntad de un solo hombre. López Obrador tratará de imponer candidata y eso marcará la marcha de su gobierno para lo que resta de su período. Vienen tiempos movidos en Morena y en el país. Ni modo y como decía Don Porfirio; "Ya soltaron al Tigre".
 
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