Hay quienes jalan la carreta



No solo café

Azalea Lizárraga C.



Hay quienes jalan la carreta


Algunos opinan que Movimiento Ciudadano tuvo arranque de caballo y parada de mula en el escenario político-partidista de Sonora. Pudiera ser, pero en ello, mucho tienen que ver la designación de candidaturas que por más que se le quiera dar tintes de decisiones ciudadanas, son realmente nominaciones de quienes se ostentan como líderes nacionales, o sea, los meramente dueños de la franquicia naranja.


Tampoco le abonan los dirigentes estatales que dan la cara en tanto reciban las bondades de la franquicia correspondiente, porque cuando cambia el panorama emigran a otros frentes que les compren el supuesto capital político que dicen tener y que solo es obra de su megalomanía o, cuando mucho, un supuesto del imaginario colectivo que realmente no hay manera de cuantificar.


Mención aparte merecen los liderazgos y militancia que se quedan soportando las crisis que se originan, sobre todo en estos tiempos de campañas políticas tan reñidas y competidas como la que hoy nos toca vivir.


Debe reconocerse que MC llevaba una campaña muy creativa y entusiasta con Ricardo Bours como candidato a la gubernatura y que, sea porque las encuestan no le daban para ser competitivo hasta el final, sea por el artero asesinato de Abel Murrieta, o realmente porque ambas cosas le abrieron los ojos al candidato sobre la conveniencia política y/o personal de retirarse y apoyar abiertamente la candidatura del Borrego Gándara para fortalecer las posibilidades de que éste llegue a la gubernatura del estado, lo cierto es que la salida e Bours provocó una fuerte sacudida al entusiasmo de todos los involucrados.


No es para menos, sin candidato real a la gubernatura; sin que lleguen los apoyos económicos que por ley le debe enviar la dirigencia nacional para cubrir los gastos generados a la fecha y, sobre todo, para apoyar las campañas locales de diputados y presidencias municipales, el desánimo campea en MC.

Una verdadera lástima, porque hay campañas que a pesar de los escasos o nulos apoyos económicos recibidos, tanto candidatos como planillas han realizado campañas ejemplares, propositivas y entusiastas, como es el caso de David Figueroa en Hermosillo, quien trabaja arduamente para llega a ser un presidente municipal facilitador, gestor de mejores oportunidades, con propuestas factibles que garanticen el desarrollo socio-económico de la capital sonorense para transformar no solo la fisonomía de la ciudad, sino la calidad de los servicios que merecemos los hermosillenses.


Candidatos como David no tienen muchos, pero los pocos que quedan y que esperamos cuenten con las preferencias ciudadanas en sus respectivas localidades, pudieran contribuir a la conformación de MC como un partido con mayor identificación en lo local y no seguir siendo una franquicia política que se oferta al mejor postor, con notables excepciones, claro está.



Desequilibrios y excesos

Dicen por ahí que "Si los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto", una frase lapidaria que en mucho retrata lo que de la clase política pensamos la mayoría de los mexicanos.


El INE reporta que el financiamiento público para los partidos políticos a nivel nacional nos costará este 2021, la friolera de casi siete mil ciento noventa y cinco millones de pesos ($7,194,497,923), más el financiamiento privado que no es nada despreciable; y que a los candidatos independientes se le otorgará poco más de 31 millones y medio de pesos, en la disputa de 4,180 cargos de elección popular.


Como todo el dinero proviene de nuestros impuestos, dígame usted si no tenemos la obligación y el derecho de fiscalizar la vida y obra de los 101,634 changos que, algunos sin preparación ni vocación para el servicio público, se ha apuntado para representarnos en lo que se ha publicitado como las "Elecciones más grandes de la historia" de nuestro país.


Obviamente que nos preocupan en grado superlativo los 500 escaños de diputaciones federales, 300 por el principio de mayoría relativa y 200 por representación proporcional, las famosas plurinominales, que todos quisiéramos no existieran, pero siguen allí. Son las 500 personas que ayudan a decidir y controlar el rumbo del país, puesto que allí se distribuye y aprueba el presupuesto.


Súmele usted las15 gubernaturas en juego; las 642 diputaciones locales de mayoría relativa y 421 de representación proporcional; y las 1,907 presidencias municipales, con las respectivas sindicaturas, regidurías y cargos similares a nivel municipal. 


Y no pedimos las perlas de la virgen, pero cuando menos uno esperaría personas que demuestren algo de conocimiento del quehacer político, ya no digamos conocimiento profundo de los grandes temas nacionales, regionales o, de perdis, locales, pero cuando menos, los que preocupan a la población que dicen van a representar, ya sea como legisladores o gobernantes en turno… ¿será mucho pedir?


En su lugar, hoy tenemos candidatos de la farándula y pseudo-políticos que ya vieron pasar sus mejores momentos de lucidez, deportistas en el ocaso de su vida productiva como tal, empresarios rayando en la ruina que aspiran a recuperar su estilo de vida, personajes de todos los colores y sabores que aspiran representarnos con el propósito de libar de las mieles y los excesos que permite el ser de la casta privilegiada de quienes ostentan el poder político en nuestro país y, que dicho sea de paso, reciben emolumentos económicos solo por ejercer el cargo, porque de que lo desquiten es otra historia. 

 

Cuando el 3.3% de los candidatos registrados solo tienen educación básica, 9.15% ni siquiera registran estudios, 14.96% cursaron educación media superior, 56.76% licenciatura, y 15.8% posgrado, es un tema que debe preocuparnos, no porque los muy letrados sean mejores o los menos "piores", sino porque es un claro reflejo del país en el que nos estamos convirtiendo, lenta pero inexorablemente. 


Algo debemos hacer para detener esa caída vertiginosa en los índices de educación y participación ciudadana equilibrada, sobre todo cuando nuestros representantes en el Congreso de la Unión son una masa desinformada de "levantadedos" que obedece órdenes presidenciales, sin ton ni son.


El 6 de julio es una oportunidad que debemos aprovechar para sacar al buey de la barranca… o dejarlo como está. Con nuestro tache electoral se define el futuro de México.


[email protected]

@Lourdesazalea