Pemex no se vende ni se privatiza... 

Vertiente  Marzo 20 2017.

Pemex no se vende ni se privatiza, porque es y seguirá siendo de los mexicanos, expresó en Salamanca, Guanajuato, hace 4 años, el presidente Enrique Peña Nieto.- Sin embargo, marcó cambios de fondo en esa importante estructura, sin consultar, antes, a los dueños del petróleo

Bernardo Elenes Habas

En Salamanca, Guanajuato, hace tres años cuando asomaba la raíz del Pacto por México, durante el acto conmemorativo del 75 aniversario de la Expropiación Petrolera decretada por Lázaro Cárdenas del Río, el presidente Enrique Peña Nieto, al anunciar la semilla de la Reforma Energética, expresó, vehemente, de frente a la nación, que Pemex no se vendía ni se privatizaba.

En ese acto señero, participó como orador el dirigente del sindicato petrolero, y flamante millonario en el país, Carlos Romero Deschamps, quien ha demostrado su mansedumbre y sumisión al régimen, porque tiene enfrente la experiencia sufrida por Elba Esther Gordillo.

“Para transformar a México hay que mover a Pemex, para que Pemex mueva a México”, dijo Peña Nieto, dando a conocer la frase de su sexenio “Mover a México”, e hizo referencia a seis ejes, deslumbrantes engendrados por el Pacto por México, entre los que destacaban el hecho de establecer una nueva estructura organizacional que hiciera más eficiente la rendición de cuentas en el desempeño de Pemex, asimismo alentar la ética corporativa y la responsabilidad social.

Y explicó, aquella memorable mañana, que se realizarían los cambios necesarios para transformar al organismo petrolero en una empresa pública, de carácter productivo, que se conserve como propiedad del Estado, pero alcanzando la capacidad de competir como una empresa de clase mundial.

Afirmó, ese día, que México posee reservas probadas por 10 años, que ascienden a 13 mil 868 millones de barriles de petróleo, y ello "nos coloca dentro de los 20 países con mayores reservas a nivel mundial", y, ciertamente, a esta exposición debería sumársele que la productividad de hidrocarburo de la nación, lo ubica, también, entre los más codiciados por inversionistas extranjeros.
Y la frase de que Pemex no se privatiza y seguirá siendo de los mexicanos, no hizo nido en el alma de las familias, porque en la memoria colectiva del pueblo persistía ya un golpe bajo dado a las acciones de justicia colectiva promovidas por el presidente Lázaro Cárdenas, y precisamente por Gobiernos provenientes del PRI.

La forma como, durante el mandato de Carlos Salinas de Gortari (aquel que nos invitó a todos, una noche aciaga y en trasmisión nacional, a administrar la riqueza), se retorció el artículo 27 constitucional, y se puso punto final, con un decreto ominoso, al ejido mexicano, acabando con la colectivización de las parcelas agrícolas, abriendo las puertas para que, de nuevo, el latifundismo se asentara con todo su egoísmo, basado en una nueva estructura que transformaría a México, lo modernizaría y su producción agropecuaria alcanzaría niveles insospechados, junto con la industria, a la que se le otorgarían altas alternativas de desarrollo.

Pero el país no se transformó, porque las grandes extensiones de tierra que conformaban el sistema ejidal, volvieron a sus antiguos explotadores: Los latifundistas.

Y algo que no escapa a la percepción de los mexicanos, es que el ex presidente Salinas se constituye en consejero muy directo de Enrique Peña Nieto, y uno de los artífices de su triunfo electoral, y precisamente quien preparó la segunda cuchillada contra los decretos nacionalistas de Tata Lázaro.

Hay promesas que los gobernantes hacen, a las que no se les puede dar toda la credibilidad; más cuando provienen de una clase política denostada que pone en evidencia los testimonios y valores de la historia, los que retuercen con toda crueldad.

Entre los ejes encaminados al “movimiento de Pemex”, como le llamó hace cuatro años el presidente Peña Nieto, no estaba presente uno, que es fundamental: Consulta profunda dirigida a la ciudadanía, para que ésta vertiera su opinión, y en base a referéndum tan importante, actuar en consecuencia.
Y este es un silogismo elemental. Porque si se reconoce que el pueblo de México es el dueño del petróleo, ¿no se volvía imprescindible solicitarle su opinión sobre la Reforma Energética y los proyectos contemplados para la transformación de una heredad histórica?

Hoy, en la celebración 79 del decreto emitido por el Gobierno de Lázaro Cárdenas, para echar del país a los consorcios extranjeros que eran propietarios del petróleo, el presidente Peña Nieto, desde Ciudad Del Carmen, Campeche, criticó a quienes sostienen que el sector energético y Pemex, no debieron abrirse a la inversión privada (es decir, en un juego retórico, el Mandatario recompuso su discurso de hace cuatro años, dejando claro que Pemex no se vendió ni se privatizó, solamente se abrió a la inversión privada, especialmente extranjera), llamando irresponsables o ignorantes, a quienes le critican que haya devuelto el petróleo a aquellos que hace 79 años Tata Lázaro les aplicó los enunciados de la Constitución, donde se establece que los hidrocarburos son herencia legítima de la nación.

Pero el ciclo de la historia fue forzado por los malos Gobiernos y sus ambiciosos oficiantes, dando como resultado que el pueblo debe pagar, ahora, el energético más caro, especialmente a extranjeros.
Le saludo, lector.

Radio Kiosco Mayor