Espejos del 2018: ¿qué tan claros?

Espejos del 2018: ¿qué tan claros?

Bulmaro Pacheco

 

Antes, en política, y ante los desesperados, la expresión más utilizada era: “Todo a su tiempo. Ni un minuto antes, ni un minuto después”. Era la incertidumbre total ante una decisión esperada, pero no conocida de antemano por compleja y extraña. Una expresión que no decía nada y que dejaba al que preguntaba peor que antes.

 

Eran los tiempos del llamado ‘tapadismo’, cuando la decisión sobre la candidatura presidencial se la reservaba una sola persona que -se decía- medía, palpaba y lograba consenso sobre la decisión entre los factores reales de Poder, haciendo algunas consideraciones: Que el elegido equilibrara el Poder, garantizara la continuidad de un proyecto, no dividiera al partido y asegurara gobernabilidad, entre otras. Todo un albur.

 

¿Y ahora?

 

Ese método se agotó. La Constitución resolvió la transmisión pacífica del Poder, pero no las contradicciones y los conflictos en los partidos políticos.

 

¿Muy frecuentes los líos internos en los partidos?

 

Todos los partidos políticos mexicanos sin excepción han pasado por divisiones y conflictos. Algunos han superado las crisis, otros han desaparecido. El PRI se dividió en 1988 y dio lugar a la formación del PRD en 1989 y Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano).

 

El PRD presumía en sus orígenes ser un frente amplio de las izquierdas, pero terminó por dividirse y dando lugar a Morena que, ahora -con sus dos veces candidato presidencial de dirigente nacional- le disputa los votos y lo ha desplazado al cuarto lugar de las preferencias.

 

El PAN en su historia ha sufrido varias fracturas: unas ideológicas, otras orgánicas, ha perdido militantes y ha dado lugar a otros partidos como el Partido Alianza Social (PAS) encabezado por Pablo Emilio Madero (excandidato presidencial).

 

Sus victorias electorales a partir de 1989 le acarrearon interminables tensiones, que con el tiempo se han incrementado. Les han renunciado militantes y ellos mismos han empujado renuncias como la del exdirigente nacional Manuel Espino. Presumen a sus ex presidentes de la República, pero no ha podido evitar que entre ellos mismos exista una mala relación, más ahora que Felipe Calderón opera en el territorio para que su esposa logre la candidatura presidencial.

 

¿Seguirá Vicente Fox militante activo del PAN? No lo sabemos. Y en ese contexto de tensiones y golpeteo, van por su tercera posibilidad presidencial.

 

Ahora, Ernesto Ruffo, el primer gobernador panista de la historia, dice: “Puedo ser el tercero que, desde la ciudadanía, pueda aspirar y arreglar las cosas en el PAN”. “Si quieren yo quiero. Hay una fuerte dinámica dentro del PAN entre Margarita Zavala y Ricardo Anaya por la candidatura presidencial. Los conozco y los respeto, pero eso que está pasando conmigo es mayoritariamente ciudadano, expresó” (Reforma 8-II-17)

 

¿Y qué pasó después con el llamado ‘tapadismo’?

 

Terminó por agotarse. El PRI ya no tuvo un presidente de la República que orientara y decidiera candidato en 2006 y 2012. En 2006 fue el propio dirigente del partido el que llegó a la candidatura, enfrentándose a la coalición de gobernadores que impulsaban a Arturo Montiel, y en 2012 fue esa coalición de gobernadores, sustituyendo al antiguo poder presidencial, la que llevó a la candidatura a Enrique Peña Nieto.

 

Del misterio se pasó a la exhibición pública de los aspirantes, otros partidos aparecieron en la escena nacional y el PRI dejó de ser el partido hegemónico. De hecho, los aspirantes a la presidencia de la República ya  han sido mencionados con mucha anticipación. Están en los sondeos, están en el análisis de la opinión pública.

 

¿Candidatos repetidores?

 

Nada más en las izquierdas. Recordemos que Cuauhtémoc Cárdenas fue el candidato presidencial en 1988 y repitió para 1994 y el 2000. López Obrador lo fue en 2006 y 2012; será el candidato de Morena en el 2018. En 30 años, en las izquierdas, solo dos personas para la presidencial.

 

¿Y para el 2018, cómo será?

 

El PRD no sabe si postular candidato propio, o aliarse con López Obrador. Le hace guiños al jefe de gobierno de la Ciudad de México Miguel Ángel Mancera, pero algunos gobernadores (Graco Ramírez, Silvano Aureoles) también quieren participar.

 

En Movimiento Ciudadano han dicho que será en el mes de julio cuando decidan. El Partido del Trabajo no ha dicho nada.

 

Los partidos Verde Ecologista y Nueva Alianza, casi seguro acompañarán la candidatura del PRI. El PAN decidirá en consulta directa a sus militantes en elección interna -ahora-, y por lo visto, entre cuatro aspirantes declarados.

 

En el PRI las encuestas registran como punteros a Miguel Ángel Osorio Chong, Eruviel Ávila, José Antonio Meade y José Narro. La XXII Asamblea Nacional a celebrarse en agosto, seguro orientará rumbos en la decisión que se espera para finales del 2017.

 

¿Y los independientes?

 

Por ahora se mencionan cuatro aspirantes: Jaime “El Bronco” Rodríguez, Jorge Castañeda, Pedro Ferriz y Gerardo Fernández Noroña. No será fácil que logren brincar la barrera de los requisitos de la ley, que dice: “Para la candidatura de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos; “la cédula de respaldo deberá contener cuando menos la firma de una cantidad de ciudadanos equivalente al 1 % de la lista nominal de electores con corte al 31 de agosto del año previo de la elección y estar integrada por electores de por lo menos diecisiete entidades federativas que sumen cuando menos el 1 % de ciudadanos que figuren en la lista nominal de electores en cada una de ellas” (Art. 371. Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales).

 

¿Cómo se traduce?

 

Que la lista nacional de electores, al corte del 27 de enero registra a 84.3 millones de potenciales votantes. El 1 % representa 843 mil firmas para apoyar una candidatura independiente. Lo irónico del caso es que para crear un partido político en México solo se requiera el 0.26 % del padrón electoral: 3 mil militantes en por lo menos 20 estados, o 300 en por lo menos 200 distritos uninominales (Art.10 de la Ley General de Partidos Políticos).

 

La Contradicción sigue vigente: 843 mil firmas para una candidatura independiente y menos de 250 mil ¡para un partido político!.

 

¿Y las encuestas?

 

Muestran una cerrada lucha por el primer lugar de las preferencias entre López Obrador y Margarita Zavala, seguidos de cerca por el PRI y sus aspirantes. En intención de voto por partido, las distancias se acortan con el PAN ligeramente arriba del PRI y de Morena. El PRD aparece en la mayoría de ellas en cuarto lugar. Son lecturas del actual momento político.

 

¿Y el gasolinazo?

 

En las encuestas realizadas en enero y febrero, y dado el enojo de la gente por la crisis económica, las preferencias levantaron por el candidato de las izquierdas López Obrador. El tema ha sido de gran impacto, pero va cediendo en la medida que el debate avanza, y consciente mucha gente de que ninguno de los aspirantes cuenta con la varita mágica para resolver los grandes problemas nacionales, entre otros, el de la energía.

 

¿Podrá variar esa tendencia?

 

Podrá variar en la medida en que los partidos enfrenten con eficacia las tensiones internas, que les acarrea la decisión sobre la candidatura presidencial. También puede variar con los resultados de la elección del próximo junio en cuatro entidades. Quedan pendientes eventos nacionales en el PAN y el PRI que serán decisivos. Está por verse la decisión que tomarán PRD y MC, y faltan 16 meses para la elección.

 

Ahora, a la problemática nacional del día a día hay que agregarle el “factor Trump”. Algo no esperado en México y que ha obligado a replantear muchas estrategias de política interna y exterior. Eso también le mete ruido-sin que sea determinante- a las capacidades y la visión del problema que deberá tener quien resulte electo para el período 2018-2024.

 

Tener voluntad política, unir al país, ajustar estructuras, conciliar opuestos, convencer ciudadanos, tomar decisiones. Algo sumamente complejo en los tiempos electorales que corren, donde hasta las más mínimas expresiones se ‘partidizan’: ¿Quién tendrá la capacidad y la visión para el manejo eficaz de los desafíos internos y la crisis con los Estados Unidos, que cuando menos contemplará dos años más de Trump?

 

Con 84.3 millones de votantes registrados en la lista nacional sin mayores cambios de aquí a la elección, ¿con cuántos votos ganaría  un candidato la elección presidencial?

 

Suponiendo que votara el 50 % de los inscritos, es decir 42 millones, seguro ganará quien obtenga el 35 % de los votos (14.7 millones), dada la fragmentación que actualmente se observa entre los votantes.

 

Si el porcentaje de participación llegara al 60 %, los votantes efectivos serían 50.5 millones. Entonces ganaría el que obtuviera 17.6 millones de votos.

 

¿Cuál de los cuatro grandes partidos políticos los podrá sacar contando con el voto duro, sus gobernadores, el voto anti sistema y los 14 millones de nuevos votantes jóvenes que aparecerán en la lista el 2018? Lo va a lograr el partido más organizado, la campaña mejor diseñada, la candidatura con una menor carga negativa y la propuesta mejor elaborada y más convincente sobre los problemas de la gente. Es algo que todavía no se ve -más allá de los excesos publicitarios. Y para eso todavía falta.

 

¿Sirven los números de elecciones anteriores?

 

Claro, marcan una tendencia sobre todo en los últimos tres procesos electorales donde se ha elegido presidente de México. Por ahora, la principal incógnita la representa el partido Morena-el que más ha crecido-, en lo que será su primera elección presidencial: ¿Irá solo o con alianzas? ¿Logrará posicionarse en el norte? ¿Cuántos votos representa como partido y cuantos su candidato? ¿Llegará a acuerdos con el PRD?

 

En la elección del 2000, Cuauhtémoc Cárdenas solo obtuvo 6.2 millones de votos. En 2006 y 2012 López Obrador como candidato subió a 14.7 y 15.8 millones. ¿Se podría mantener esa cifra sin el PRD, MC y PT? Ahí está el dilema. El PRI pasó de 13.5 millones de votos en el 2000 a 9.3 en 2006 y a 19.2 en 2012. ¿Cuál es la realidad actual de su voto duro y cuanto le costará la factura de la crisis económica en las urnas? ¿Cuantos votos aportarán el Verde ecologista y Nueva Alianza?

 

El PAN pasó de 15.9 millones de votos en 2000, 15.0 en 2006 y 12.7 en 2012. ¿Cuál de sus cuatro aspirantes tendrá el carisma y la enjundia para levantar el voto azul en un partido al que la gente le reclama el haber desaprovechado los doce años que gobernó México?

 

Falta mucho por ver todavía en los próximos meses. Ningún partido ni candidato la tiene fácil y por lo pronto, “nada para nadie”, a pesar de los futurólogos -que en política nunca funcionan-, y de aquellos que les da por soslayar la complejidad, las sorpresas y las incertidumbres siempre presentes en la fascinante, violenta y movida historia de México.

 

bulmarop@gmail.com

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